jueves, 28 de abril de 2016

CAPITULO 12





–Joder. – dijo dejando el vaso de agua a un lado.

–No sé qué me está pasando…– dije con mis mejillas humedecidas, estaba llorando, me había dejado inundar por los nervios.

–Mantente tranquila. – dijo con sus manos frente a él en señal de Stop. Sus ojos estaban abiertos como platos. – ¿Y Justin?

–Está dormido…– dije e hice puchero. Estaba temblando. – Ryan… has algo... no siento mi cuerpo por la droga… por favor… averigua que tengo…– lo miré.

–Joder…– dijo para sí mismo, tomó su cabello y comenzó a caminar de un lado a otro. – Joder…– no se detenía.

– ¿Qué sucede? – comentó John entrando a la cocina.

–Mírala…– comentó Ryan mientras me señalaba sin quedarse quieto en un solo lugar.

John fijo su mirada en mí, me di la vuelta para que viera mi espalda y mi camiseta llena de sangre. – ¡JODER! – se sorprendió. – ¿Qué te sucedió? – me pregunto.

–No lo sé… debe ser algún punto…– lo mire asustada.

– ¿Cómo es que aun te mantienes de pie?

–No siento nada por efecto de la droga. – le mire. – John…– mire a Ryan. – Ayúdame…– sequé mi mejilla para mostrarme fuerte. – Ve… tu como jefe de la banda… supongo que has curado a los chicos de algunas que otras heridas…

–Cierto…– dijo Ryan que aún no podía mantenerse quieto, esta vez le había afectado.

Mire a John, él asintió. – Revísame…– le pedí. – Si es de cocerme… lo haces…– apreté mis labios. – No siento nada… creo que deberíamos de aprovechar…

–Solo si son un par de puntos. – comento con todo duro. – Si es algo más te llevare a la clínica…– me miró, asentí. – Estas perdiendo sangre... así que apresurémonos…–asentí, tome mi sobretodo y lo lleve conmigo siguiendo a John.

Fuimos hasta el final de la casa, una habitación que parecía un despacho, pero a la puerta abrirse su parecido era más a un sótano. Bajamos las escaleras que había, llegando así a la habitación debajo de esta. Efectivamente, un sótano. John encendió la luz, algo opaca, vi unos estantes con armas, otros mantenían herramientas, otros con licor virgen, vi una pequeña mesa, un poco alta con una fina esponja encima, una camilla improvisada, había otra mesa, un poco cerca, mantenía algunos envases de vidrio, de diferentes tamaño, vi en otro estante, este diferente a los demás, de metal fino, pintado de blanco, y con vidrio protector, este mantenía instrumentos médicos, agujas, hilos, bisturís, pinzas, alcohol, algodón, guantes, algunas inyecciones, sentí un frió recorrer mi cuerpo y me encogí de hombros. – Si quieres podemos ir de una buena vez a la clínica…– comentó él, me gire y le di una sonrisa nerviosa mientras negaba moviendo mi cabeza. – Bien…– suspiró. – Ven para acá. – me llamo hacia donde estaba él, cerca de la camilla, tenía una lámpara, pero de luz fuerte, que podía ser como el mismísimo sol. Me coloqué frente a él de espalda, deje mi sobretodo en un pequeña silla y subí mi camiseta sin descubrir mis senos, la mantuve allí enrollada y suspire, realmente nos sabía si me estaba tocando la herida o no, porque no podía sentir, lo único que sentí fue cuando quito la gasa enchumbada de sangre. Mordí mi labio y cerré mis ojos. – Exactamente como dije… tres puntos. – Dijo después de un momento. – Hay que coserte tres puntos otra vez…– dijo y asentí. – Bien acuéstate. – me dijo y acomodo la camilla. – Boca abajo. – ordeno.

–Hola…– escuche una voz conocida, gire un poco y vi a Fabiana quien venía con los ojos un poco cerrados y Ryan un poco más tranquilo a su lado. – Estarás bien amiga…– sonrió, asentí, ella se sentó en la silla cerca de mí, termine de acomodarme boca abajo con mi camisa enrollada arriba. – Será rápido…– comentó ella, sentí lastima, se estaba muriendo de sueño. Ryan ayudaba a John con los instrumentos, lavaron sus manos, colocó un par de guantes… como si realmente fueran hacer una súper cirugía.

–Puedes ir a dormir…– comenté mirándola. – No es necesario que veas esto, ve y duerme… para que mañana puedas cuidarme. – le sonreí, ella sonrió con sueño y asintió.

–Te quiero. – dijo dándome un beso en la cabeza, le dio un beso a Ryan. – Cuídenla…– comentó saliendo de la habitación.

–Bien…– suspiró John. – ___ solo… relájate. – palmeó mi hombro, asentí y cerré mis ojos. – Pinchare para que me digas si sientes o no…– asentí. – ¿Siente?

–No

– ¿Acá?

–No

–Bien… comenzaré a cocerte…– comentó. Asentí y respire profundo. Sentí un líquido frío caer por mi piel, quizás alcohol, cerré mis ojos, debía concentrarme en otra cosa que no fuera la idea de que me estaban cociendo.

Todo estaba en silencio, solo escuchaba algunos movimientos, uno que otros suspiros, no abrí mis ojos, no quería estar en esa realidad, escuche a John aclarar su garganta, abrí mis ojos y me encontré con Ryan quien asentía, quizás porque John lo estaba haciendo bien, cerré mis ojos nuevamente, pasaron unos minutos, quizás más de diez o veinte minutos, escuche otros suspiros, apreté mis labios, ya estaba algo nerviosa… cerré mis ojos con fuerza, y como si todo me fuera concedido… escuche las palabras que esperaba. – Listo, termine…– dijo John. Le escuche quitar los guantes de sus manos, abrí mis ojos y Ryan me sonrió. – Esos puntos no se te desataran nunca. – sonrió John, le sonreí. Tenía algo de sueño, me sentía cansada. – Te cubriré eso y estarás lista. – dijo mientras caminaba al estante y se regresaba con algunas gasas y cinta adhesiva médica. Él colocó las gasas sobre la herida no sin antes limpiarla con alcohol, luego para sujetarla colocó la cinta adhesiva. – Ahora sí… estás lista. – me sonrió. Asentí.

–Gracias…– le dije con voz ronca, estaba casi que dormida. – ¿Puedo moverme? – le pregunte.

–Por supuesto. – sonrió y alzo un poco sus hombros. – Ahora iré a… descansar, supongo. – dijo mirándome con algo de lastima.

–Gracias John…– le repetí mientras Ryan me ayudaba a sentarme.

–No hay de qué. – sonrió saliendo del lugar.

– ¿Cómo es que te sucedió esto? – preguntó Ryan.

–No lo sé…– dije sentada en la orilla de la camilla. – mire mis manos y mire el suelo. – Supongo que…– me mantuve en silencio cuando recordé…

– ¿Qué supones?

–Creo que fue en el baño… cuando Justin me empujo…

– ¡¿QUÉ JUSTIN QUÉ?! – se exaspero.

–Fue… fue sin querer…– lo miré. – Es qué….

–Joder ___...

–Ryan… él estaba de mal humor, le apreté la herida de la ceja sin querer cuando le ponía la cura…– lo mire. – Su reacción fue separarme y…

– ¡Y NO ENCONTRO OTRA MANERA QUE EMPUJANDOTE! – dijo molesto.

–Ya paso…– dije cabizbaja.

–Hace horas atrás te desmayaste del dolor, ahora te estabas desangrando y tú solo dices “ya paso”– me miro molesto, baje la mirada. – ¿QUÉ QUIERES? ¿MORIR POR SUS PROPIAS MANOS?

–Él no sería capaz de hacerme daño Ryan…– lo miré.

–Lo sé, pero en estos momentos así… sabes que…– suspiro. – Ni él mismo se reconoce. – me miró a los ojos y nos mantuvimos en silencio, él tenía razón, Justin podía caer en la total oscuridad y no reconocerse ni él mismo.

Un celular sonó y me quedé mirándolo esperando que respondiera, pero no era el de él, mire a la dirección dónde provenía el sonido… mi sobretodo. Ryan se apresuró a pasarme el sobretodo y de uno de los bolsillos saqué mi celular, era mi madre. Suspiré y conteste. – Hola mamá…– dije con la mirada en el suelo.

– ¡HIJA! ¡ESTUVE MUY PREOCUPADA! ¡NO ME HAS AVISADO NADA!

–Mamá estoy bien…– paseé mis dedos por la mesa, Ryan me miró, sabía que esas palabras no podían estar en mi boca, menos en estos momentos. – No he tenido tiempo. – fingí una sonrisa aunque ella no me estuviera viendo.

–Me he enterado de todo por las noticias… ___ lo que hiciste… tu padre…

–Fue lo correcto mamá. – dije seria. – Si me tocará hacerlo otra vez lo haría…– suspire. – sabes lo que me hizo sufrir…– mire fugazmente a Ryan quien me observaba descuidadamente.

– ¿Y Justin? ¿Cómo está él?

–Él está bien mamá... – mire a Ryan algo tímida…– Estábamos durmiendo…

– ¿Cómo te trata? ¿Te trata bien?

–Si mamá, me trata bien…– me gire, no quería ver a Ryan. – Es muy delicado, atento, me cuida mucho…– suspire. – Estoy bien mamá…

–Sabes que estaré acá para lo que necesites…

–Lo sé mamá… solo… descansa, estoy bien. – me encogí un poco de hombros.

–Cuídate hija…

–Buenas noche mamá…– escuche él buenas noches de vuelta. – También te quiero. – y colgué. Me gire a mirar a Ryan y le sonreí un poco.

–Le mientes a tu madre…

–Ryan… esto pasara…– baje la mirada. – Él volverá a ser el mismo de antes…

–Lo sé. – me respondió seguro. Lo miré. – Vamos…– extendió su mano hasta mí. – Te acompaño hasta arriba… amanecerá…– dijo, miré la hora en la pantalla de mi celular, ya faltaban 20 minutos paras las 5.

–Lo siento…– dije apenada con él, no lo había dejado descansar. Me sujete a su mano y comencé a caminar con cuidado, sostuve mi sobretodo con la otra mano y camine a su lado, subimos las escaleras con cuidado, bajarlas fue fácil, pero subirlas me costaba, mis piernas pesaban.

– ¡RYAN! ¡RYAN! – escuchamos un gritó. Ryan me miró sorprendido y yo lo miré a él. – ¡RYAN! – volvimos a escuchar.

–Espera aquí…– me dijo. Asentí y me sostuve de la barandilla. – Vuelvo en un momento.

Ryan termino de subir completamente, y yo me mantuve de pie junto a la barandilla de la escalera, suspire y cerré mis ojos, me incliné un poco pegando mi frente a mi mano, comenzaba hacer algo de calor, y mis ojos comenzaban a pesar, él sueño volvía a mí.

– ¡¿QUÉ PASO?! ¡¿DÓNDE ESTÁ?! – escuche, fruncí mi ceño intenta escuchar más. – ¡NO! ¡NO HARÉ SILENCIO! – Luego no escuche nada más. Respire profundo. –  ¿___? – escuche mi nombre en una voz muy conocida, levante mi rostro y me encontré con la figura de Justin frente de mí, abrí mi boca intentando decir algo. Pero no me dejo. – ¿Estás bien? – bajo los escalones hacia mí, asentí. – Dios, me había asustado…– me miro preocupado.

–Estoy bien…– le sonreí. Ryan se encontraba detrás de él y me miraba como si algo le preocupara.

– ¿Seguro qué estás bien? – me miró examinándome rápidamente con la mirada, asentí. – Había sangre en la cama…– dijo serió.

–Fue un accidente…– dije y sonreí un poco apenada.

– ¿Accidente? ¿Qué tipo de accidente? – volvió a mirarme de arriba a abajo.

–Tengo sueño…– le miré. – ¿Podríamos ir a dormir? – le pregunté.

–Claro que sí…– sus ojos mieles también estaban cansados. – Vamos. – me dijo y tomó mi mano. Subí junto a él y Ryan salió del lugar antes de nosotros.

–Gracias Ryan…– comenté en un susurró, él asintió algo serió y se apresuró a caminar hacia su habitación.

– ¿Qué tipo de accidente? – me preguntó Justin cuando ya estábamos llegando a su habitación. – ¿Tu menstruación? – preguntó, sonreí.

–Solo durmamos…– comenté.

–___... – dijo pero guardo silenció. – Pasa. – dijo, solté su mano y entre a la habitación. – ___... – su tonó fue de alarma, me gire a mirarle, sus ojos estaban abiertos como plato. – ¿Qué te sucedió? – abrí mis ojos. – ¿Por qué tu camiseta está llena de sangre?

–Yo…– las palabras no salían de mi boca, me maldije mentalmente por no haberme puesto el sobretodo. – Justin…

– ¿Qué te sucedió? – sus labios se mantuvieron abiertos.

–Justin…– di unos pasos hacia él. – No es nada…

– ¿Cómo que no es nada? – me miro molesto. – La cama y tu camiseta están llenas de sangre. – lo miré triste, había durado bien por un momento. – Mucha sangre.

–Fueron unos puntos…– lo miré y lleve mi mano hasta su mejilla. – Estoy bien… ya John lo arreglo todo. – le acaricié. Sus rostro se suavizó un poco y escuche que cerró la puerta tras de él. Tragué saliva algo nerviosa. – Estoy bien, de verdad…– le mire a los ojos buscando algo de tranquilidad en ellos. Volví acariciar su mejilla a lo que él cerró los ojos y dejo escapar un suspiro.

–Lo siento nena…– abrió sus ojos, estaba calmado.

–Está bien… estamos bien. – él dio un paso hacia mi cortando la distancia entre nosotros.

– ¿Fue por lo de ahora cierto? – preguntó.

–Justin… no te tortures de esta forma… fue un accidente…

–Lo siente nena…– repitió. Asentí. – Perdóname… no se en que estaba pensando…– apreté mis labios. Él miro mi otra mano, tomó mí sobretodo y mi celular y lo colocó en la mesa pegada a la pared a su izquierda. No se separó de mí, solo movió sus brazos y ya estaba listo. – ¿Me perdonas? – preguntó cerca de mí mirándome a los ojos, podía sentir su aliento.

Sonreí un poco y asentí acariciando más su mejilla. Él sonrió pero fue más una mueca, sus dos manos estuvieron en mi cuello, se inclinó y me presionó hacia él. Cerré mis ojos, era lo que necesitaba, un beso que me hiciera saber que todo estaba bien. Sus labios se separaron un poco de los míos, su nariz rosaba la mía, mantuve mis ojos cerrados, su labio comenzó a dejar cortos besos en mi mejilla, luego fue por mi cuello, por instinto incline mi cabeza un poco hacia atrás dándole espacio. – Justin…– susurré con los ojos cerrados. – No podemos…– sus labios se mantuvieron quietos sobre la piel de mi cuello, luego de un momento se separó y suspiró. Me enderecé y abrí mis ojos, él me sonrió.

–Vayamos a dormir antes que pase algo…– sonrió. Sonreí con ganas. Me dio la vuelta y abrazada me llevo hasta la cama, mire la sangre en la cama, realmente era una gran mancha. – Arreglaremos eso luego. – comentó, asentí, quite mis zapatillas y me senté con cuidado en la cama. Él me sonrió se sentó a mi lado, tomó mi camiseta  y comenzó a subirla.

–Justin…

–Shuu…– susurró. – Es solo para que no duermas con la camiseta llena de sangre…– explicó, levante mis brazos mientras el sacaba mi camiseta, y luego se quedaba observándome, coloqué mis brazos sobre mis senos, aunque tenía un brasier puesto, aun me apenaba. – No seas tonta…– sonrió haciendo a un lado la camisa y dejando de mirarme. – Como si no te hubiera visto antes…– sonrió. – Aunque tengo mucho sin verte. – me miró, pero esta vez a los ojos. Se mantuvo en silencio un rato. – Te combinan con los monos de andar en casa. – sonrió, sonreí por su broma.

–Durmamos…– le mire a los ojos, y posando mi mano en su brazo, él también mantenía solo un mono de andar en casa y no tenía camiseta puesta.

–Acuéstate…– comentó. Y se colocó de pie, lo mire, y se dirigió al gran ventanal. Cerró las ventanas, bajo las cortinas, unas tres, una encima de otra. La habitación se hizo completamente oscura, me rodeé hasta mi lugar en la cama y me acosté poco a poco, él me sonrió mientras encendía el aire acondicionado, luego camino hasta el apagador de la luz, la apagó y no vi completamente nada. Hasta que sentí que se subió a la cama. – ¿Dónde estás? – preguntó, sonreí.

–En el sillón.

–Joder ___...

–Estoy acá, idiota. – reí. Estiré mi brazo para intentar encontrarlo con mi mano, y así fue. – Date prisa…– le dije, él se acomodó a mi lado, sonreí satisfecha. Él suspiró y se rodó un poco hacia abajo luego sentí su rostro estar sobre mi pecho, mis senos mejor dicho, su brazo pasaba por encima de mi abdomen, y su pierna derecha se posó sobre las mías. – ¿Estás cómodo? – sonreí en la oscuridad.

–No podría pedir más. – sonrió.


Pasé mi brazo derecho por encima de sus hombros, abrazándolo a mí, respire profundamente, y bostece. – Descansa…– susurré, él asintió y acomodó su rostro entre mis senos, sonreí. Cerré mis ojos, y en menos de unos minutos ya me estaba quedando dormida.



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