sábado, 1 de octubre de 2016

CAPITULO 29




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Abrí mis ojos y vi el eco de mi grito ir sobre la ciudad… se iba, tan libre, libre como quería yo sentirme.

–No lo hagas más…– escuche la voz masculina detrás de mí.

Me gire inmediatamente sobre mis pies dándome la vuelta y fijándome de quien era. – Just.Justin. – dije con la garganta seca mientras al mismo tiempo y rápidamente secaba mis ojos y mis mejillas. – ¿Qué– Qué Haces acá? – abrí mis ojos por la sorpresa. Él estaba tan cambiado, o quizás es solo porque tenía mucho tiempo sin verle.

Él se mantuvo en silencio mirándome con su boca un poco abierta, luego volvió en sí y parpadeo fijando su mirada en mí nuevamente. – ___... – susurró. – Yo…– estaba sin habla y finalmente soltó su aliento, todo lo que hacía era mirarme.

–Yo lo siento… sí vine a tu lugar…– mire a mi alrededor.

–No, no hay problema. –se apresuró en decirme. – Yo… no sabía…– murmuró y me miró como si ahora cayera en cuenta de todo. – No sabía que estabas en la ciudad…– me miro a los ojos.

–Yo…– baje la mirada. – Solo de paso…– me encogí de hombros. Suspire y mire a mí alrededor. – Ya me iba…– le sonreí fingidamente.

Comencé a caminar para irme, pase por su lado sin decirle nada más, pero no pude llegar muy lejos de él. Su mano me detuvo. –Quédate…– susurró con mi muñeca agarrada.

Tragué saliva y me gire un poco a verle. Se le veía confundido… pero a la vez feliz, y triste…– Justin…

–Solo será hoy ___, necesitamos hablar…– insistió sin soltarme.

–Está bien…– asentí y lamí mis labios desviando mi mirada de sus ojos que me intimidaban.

Estuvimos en silencio, él traía con él una mochila de viaje, de donde saco una carpa y la armo sin ningún problema, tendió una cobija sobre la grama me invito a sentarme y él sin miedo se sentó a mi lado, no muy cerca, pero no tan lejos, podía escuchar su respiración.

–Creo que…– suspiro. – Necesito una explicación…– me miro un poco a la cara y yo esquive su mirada sobre mis ojos. – ¿Por qué desapareciste? ¿Por qué huías?

–Yo…– lamí mis labios. Respire profundo y mire el atardecer que comenzaba a formarse. – pensé que era mejor la vida por separados, pensé que era lo correcto, tu habías tomado tu decisión…

–Pero había ido a buscarte… ese día por cosas del destino te encontré, estaba en una reunión de trabajo… y tú... estabas allí y escapaste…

–No creo que haya caso hablar de esto Justin…– le mire por segunda vez a los ojos desde que había llegado.

–Yo sí…

–No. – le interrumpí. – Ya eso es pasado… ya estamos… cada uno con su vida hecha…

– ¿Por qué hablas como si todo hubiese terminado?

–Porque es así…– le mire. – Te vas a casar. – comencé a llorar sin poder controlarme. – No hay nada que se pueda hacer. – sequé mis lágrimas pero seguían saliendo más.

–Detente…– trato de calmarme.

– ¡NO! – grité, harta de todo. – No me digas que me detenga… ¡SE SUPONE QUE ESTO NO DEBÍA AFECTARME! – grite con rabia aun llorando. – ¡TU NO DEBES AFECTARME! Y aun así... – comencé a llorar. – Años, Justin. – mire la puesta del sol al final de las montañas. – Y no pudiste hacer lo que con ella has hecho…– sorbí mi nariz. – yo realme…– Me interrumpió.

No me dejo terminar de hablar, su mano se había posado rápidamente en mi mejilla girándome hacía él y besándome. Sí, besándome.

Cerré mis ojos, admito que extrañaba sus labios… sus besos… su mano fue hasta mi cuello donde se deslizo hasta mi nuca y se entrelazo con fuerza con mi cabello. El beso se hizo más intenso, nuestras bocas se abrían más. Nuestros labios comenzaban a dormirse de la fuerza que hacíamos sobre ellos. Mis lágrimas ya no salían.

Era mágico, porque aun con los ojos cerrados podía ver el atardecer cayendo frente a nosotros.

–Justin…– me separé un poco de él aun quedando cerca de su rostro.

–Olvidemos todo ___... – me miro a los ojos. – Seamos felices ahora…– tragó saliva, sus ojos eran de súplica. – No escapes otra vez, al menos no hoy. – busco alguna respuesta en mis ojos. – Solo te pido este día… o lo que queda de él…– lamió sus labios. – Por favor…– suplicó. Y asentí.

Lo hice. Acepte no irme, por esté día. Acepte ser feliz con él por un corto momento. Aunque no fuera para siempre… sentiría eterno este momento.

El atardecer estaba en su punto más hermoso, el cielo yacía de un color naranja con algunos tonos rojizos, encima de ellos podía brillar también un color rosa… y la montaña tomo varias tonalidades de colores… como si un arcoíris estuviera sobre ella. Y entendí porque Justin y los chicos la llamaban la montaña de los colores. Esto parecía mágico… era como EL MOMENTO PERFECTO DE NUESTRAS VIDAS.




Me encontraba sentada mirando el atardecer, ya estaba terminando, habíamos permanecido en silencio, incluso podía amar ese silencio, porque… él, él estaba ahí, era mi compañía hoy, y… no podía pedir algo mejor en este momento. – Lo siento…– susurró, abrí un poco mis ojos y gire un poco mi cabeza para verle. Él miraba hacia adelante. – Muy tarde me di de cuenta que tú eras la chica perfecta de mi vida… ahora te he perdido, sé que te cuesta verme, lo has dicho te afecta… y aun así seguías huyendo… de mí… y tenías razón… tenías razón para hacerlo, yo me había comportado de lo peor contigo… y lo siento…

No dije nada, fui a decir algo… pero ¿Qué podía decirle? ¿Qué estaba bien? ¿Qué le entendía? No, no podía decirle eso. Porque no estaba bien lo que había hecho, no podía entenderle aun después de tanto tiempo…

–Estoy a días a casarme… y ahora estoy deseando que seas tú quien me espere en ese altar… pero tienes razón…– volteó a mirarme. – El destino ha hecho tantas cosas por no dejarnos juntos, que quizás sean cosas del destino el que no estemos juntos…– baje la mirada, no sabía que decir. – te extraño…– su mano fue hasta mi barbilla y la alzo un poco para que así yo le mirara a los ojos. – Te he extrañado todo este tiempo… y está bien si no dices nada… te entenderé… pero… quiero que sepas que estar aquí hoy… contigo… conseguirte aquí… fue lo mejor que me pudo haber pasado en estos meses…

“Uno…”

–Justin…– fui a decir algo pero el nudo en mi garganta me detuvo, él sonrió un poco mientras negaba con un pequeño movimiento de cabeza, no quería que hablara, y agradecí eso, porque realmente no sabía que decirle.

–Sé que no volveremos… porque estas tan decidida a no hacerlo… y yo por otro lado… estoy a punto de casarme. – suspire, el atardecer ya había desaparecido, ahora sobre nosotros estaba un cielo estrellado. Me deje caer hacia atrás, quedando así sobre la manta que había en el sueldo donde estábamos sentados. – Perdón… muchas veces quise decirte esa palabra… Perdón. – le escuche suspirar. Abrí mis ojos… mire el cielo, mi corazón por alguna razón iba a mil. Sentí que se movió a mi lado, y apareció frente a mí… él continuaba sentado, inclinado sobre mí. – ___... – sus ojos buscaban los míos con desespero. – Te amo... y pase lo que pase… jamás dejare de hacerlo. – susurró sin dejar mis ojos. Quede sin aliento, mi mente estaba en blanco. No dije nada. Él… se dejó caer sobre su codo quedando mucho más cerca de mi rostro. – Realmente te amo…– su aliento chocaba con el mío. Y no dijo más nada, se acercó más acortando el poco espacio que nos separaba y me beso.

“Dos…”


––


–___... – susurró, suspire y sorbí mi nariz, seque mis mejillas y sonreí antes de voltearme y mirarle. Ella sonrió con tristeza, sabía que podía darse de cuenta el cómo me sentía. – ¿Estarás bien? – preguntó. Asentí sonriendo mientras mis ojos se achinaban. – Tengo que irme… tengo que hacer algo con Frank y…

–Está bien mamá. – le sonreí y camine hacia ella. – Estaré bien. – la abracé. – Ve… que te vaya bien, que llegues bien.

– ¿Segura que estarás bien? – pregunto algo preocupada.

–Lo estaré mamá. – le sonreí nuevamente un poco. – Dentro de poco bajare al departamento y veré alguna que otra película…– suspiré guardando mis manos en los bolsillos de mi sobretodo.

–Te he dejado algo de comida dentro del microonda…– sonrió con compasión.

–Me asegurare de comérmela toda. – le guiñe y le sonreí.

– ¿Estarás bien? – volvió a preguntar por novena vez en lo que iba de día. Yo asentí y suspire sin mirarle a los ojos. – ¿Te sientes bien?

Levante mi rostro y la mire a los ojos. Apreté mis puños dentro de los bolsillos de mi sobretodo. Suspire y asentí. – Estoy bien… pero puedo decir que he tenido días mejores…– me encogí de hombros. – Ve madre… se te hará más tarde. – ella asintió y sin decir más se dio la vuelta y comenzó a bajar las escaleras para irse.

No me di la vuelta hasta que no la deje de ver. Pero en seguida volví a estar sola y las lágrimas volvieron aparecer. Camine hasta la horilla, me recosté en el alto muro que funcionaba como barandilla de la terraza del pequeño edificio.

Estaba bastante alto el lugar. Mire el cielo, ya había caído la tarde, el cielo era triste, no fue como ese día que iluminaba todo a su paso… y te hacía sentirte feliz con tan solo verle… hoy… era diferente.

La fría brisa choco mi rostro y cerré mis ojos dejándome llevar. Y… recordando ese día… tan temprano en la mañana cuando le deje mientras él dormía.

Me sentía mal. Estaba muriendo nuevamente… ¿Qué hice para merecer esta vida? ¿Qué hice mal? Pregunte en mis pensamientos mirando el cielo. Me sentía realmente mal por haber dejado todo de mí atrás nuevamente. Justin… él se veía tan feliz… pero sabíamos que era por solo un momento, estábamos en una burbuja, sabíamos que todo volvería a la realidad, y yo solo apresure ese paso.

Tuve miedo, lo acepto, porque me sentí tan bien con él, pero… él no iba a dar marcha atrás con su boda, y yo… tuve miedo, y me aleje, porque lo estaba volviendo amar… o quizás nunca lo deje de amar, pero estaba recordando cómo se sentía estar con la persona que amas y sentirte amada. Y tuve miedo de seguir… de seguir adelante con su juego y luego él se fuera… y sentirme tan perdida… como las veces anteriores… y dolía, porque me aleje para no sentirme así… aquí estaba, sintiéndome perdida… vacía… con un hueco en el corazón… pero todo esto era soportable, porque lo esperaba, desde que me enteré de todo, esperaba este momento y estaba preparada, sabía que debía mantenerme sin hacer nada… él… estaría en un par de horas frente a una mujer, en un altar, jurándole amor eterno, prometiéndole cuidarla en la salud y en la enfermedad… y yo… estaré aquí… deseando que todo fuera un sueño. Deseando volver el tiempo atrás… a los momentos de felicidad…



*RYAN.*


–Él está por llegar…– le dije a ella quien se veía hermosa vestida de novia.

–Gracias por ser mi… nuestro. – corrigió. – padrino de boda. – sonrió.

–Siempre es un placer. – le sonreí. – Iré con mi esposa…– murmuré, ella asintió y se dio la vuelta para que las chicas que estaban con ella en la habitación la ayudaran a terminarse de arreglar.

Salí de la habitación y cerré la puerta tras de mí. Respire profundo, estaba nervioso, Justin tenía media hora de retraso. Pero Hailey parecía no notarlo. Mire a mi izquierda, al final del pasillo donde estaba Fabiana hermosa como siempre, sonrió tímidamente mientras se encogía de hombros. Camine hacia ella sonriéndole.

– ¿Estás preocupado? – preguntó frente de mí mientras colocaba sus manos en mis hombros y los masajeaba suavemente. Asentí. – Él vendrá… estoy segura…

–Necesito un tragó…– pase la mano por mi cuello. Ella asintió.

–Te iría bien…– susurró, sonreí y deposite un beso en sus labios. – Solo asegúrate de estar sobrio cuando llegue Justin…

–Lo estaré… solo será un trago.

–Yo seguiré llamándolo mientras te tomas un tiempo…– me comunico, asentí agradecido. Ella me abrazo y deposito un beso en mi mejilla. – Ve…– dijo mientras se abría hacia un lado dándome paso para salir del lugar.

Me dirigí al pequeño bar dentro de club. Suspire y afloje mi corbata un poco, sentía que moriría  asfixiado. Camine cabizbajo sin que nadie notara que podría ser yo… él padrino de la boda quien estaba por alcoholizarse por culpa del estrés causa por el retraso del novio.

Llegando a la barra me detuve en seco. Me sorprendí. Allí estaba él, con solo la camiseta blanca algo desajustada y el resto sobre el espaldar del asiento. Lucía relajado, como luciría un novio después de la boda, su corbata estaba mucha más desajustada que la mía, suspire y me apresure a llegar a él.

–Joder Justin. – dije llegando a él. – Me tenía preocupado, la boda lleva una hora de retraso…– le vi ingerir un trago de Whiskey, mantuve silencio él me miro y sonrió un poco sin animo.

– ¿Qué sentiste cuando te casaste con Fabiana? – pregunto. Fui a responder inmediatamente pero luego suspire y me calme, tome asiento a su lado frente a la barra mientras ordenaba un trago para mí.

–Fue lo mejor…– suspiré. Él hombre mayor me entrego mi vaso y tomé un trago. – No sé si estás aquí porque estas nervioso. – sonreí. – Pero… se siente increíble casarte con la mujer que amas. Verla caminar hacia a ti, vestida hermosamente de blanco… Dios… no sé cómo explicarlo, pero realmente se siente muy bien. Me sentí el hombre más afortunado del mundo por tenerla, quería que todo fuera rápido para así poder gritarle al mundo que ella era mía, que nadie podía interponerse… la amaba en ese entonces y aun la amo y mucho más…

– ¿Entonces te casaste con una mujer que amas?

–Realmente… sí…– solté un respiro sintiéndome feliz y tomando un trago. – ¿Por qué me pregu…

–No lo siento…– dijo sin dejar que yo terminara de hablar. – No la amo Ryan…– su mirada estaba fija en el vaso de cristal algo lleno. – Ni siquiera sé si la quiero suficiente para casarme con ella…– me miro esta vez. – No es la mujer que amo en mi vida…– sus ojos estaban cristalizados. – No me siento como te sentiste ese día…

–Pero podrías amarla con él tiempo…

– ¿Y no sentirme como tu él día de mi boda? – preguntó.

–Quiero sentir que la amo desde el mismo instante que me case con ella incluso antes…

–No puedes dejar a Hailey en el altar… Justin…

–No lo haré…– tomó el vaso y se tomó lo que quedaba en un solo trago. – No la dejaré en el altar…– se puso de pie y sin darme oportunidad de decir algo, salió deprisa del lugar.

–Me volveré loco…– tomé mi cabello y agache mi cabeza. Luego tome él trago y pedí otro más.



*___.*


Sequé mis mejillas cansada de llorar. Respiré profundo llenando mis pulmones de aire fresco. Mire la hora en la pantalla de mi celular, 8:27pm. Ya hacía una hora que Justin había ido al altar… cerré mis ojos y guarde mi celular en el bolsillo de mi sobretodo. Me resigne.

Baje las escaleras con cuidado, llegue hasta mi piso, luego entre a mi departamento. Me asegure de comerme en silencio la comida que mi madre hace tres horas había dejado para mí. Lave los platos, hice todo en silencio, como si existiera alguien dentro del departamento quien dormía y no podía despertar.

Camine sigilosamente hasta mi closet, tome una camiseta cómoda junto a un short y lo deje sobre la cama. Entre al baño deje mi celular sobre el mesón del lavabo. Entre a la ducha con ropa, no me importo mojarla toda, entre allí y deje caer agua sobre mi cabello, la cual corría y caía sobre mi ropa empapándola toda.

Luego de todo me apresure a salir, me despoje de toda la ropa húmeda dejándola en el suelo, me enrolle en una toalla y salí a la habitación. Llegue a mi cama, tome una ropa interior del closet y luego me vestí con lo que había escogido antes, sequé un poco mi cabello con la toalla y luego la colgué en su respectivo lugar, cepille mi cabello hasta desenredarlo.

Hoy era el día… que realmente había perdido al amor de mi vida…


Camine con calma hasta el sofá frente a la televisión, me senté allí y lo encendí. Estaban pasando una película, pero mi mente estaba tan ocupada como para fijarse en cómo se llamaba o de que trataba.

Unos golpes fuertes y seguidos sobre la puerta me hicieron brincar en mi lugar y salir de mis pensamientos. Me puse de pie algo asustada. Abrí mis ojos y camine un poco en dirección a la puerta.

Escuche unos gemidos de llanto, fruncí mi ceño ¿Algo malo había pasado?

Los golpes se repitieron otra vez en la puerta. Camine con prisa para abrirla y quedarme fría en mi lugar al verlo allí frente a mí puerta.


–Justin…– susurré.

lunes, 19 de septiembre de 2016

CAPITULO 28



–Yo quiero una Hamburguesa especial doble. – dijo él chico que yo tenía a un lado. Fruncí mi ceño, su voz… se me hacía conocida. – Y una cerveza…– dijo y lo miré, él levanto su rostro y enfoco su mirada en mí dejándome fría, tragué saliva, no podía ser.

No podía creer a quien estaba viendo. Sus ojos se quedaron fijos en mí con un brillo hermoso. Fui a decir algo pero no logré articular palabra, me di la vuelta y camine, bueno casi que corrí, hacía el puesto de comida.

–Lo siento…– tartamudeé. – entregué todo a Samuel. – Se me ha presentado una emergencia. – no dije más nada, y sintiéndome mal por ellos corrí hasta la entrada del muelle. – ¡20 por su taxi! – le grite al señor quien estaba a punto de subir en el taxi, él sonrió y asintió, le entregué el dinero y subí al taxi.

– ¡___! – escuche que me llamó

– ¡SALGA SEÑOR RÁPIDO! – dije casi que gritando, él señor apretó el acelerador y yo mire hacia atrás, donde se veía a Justin con respiración agitada mirando a mi dirección.



*JUSTIN.*


–Broth…– Ryan me palmeó el brazo. Brinque en mi lugar saliendo de mis pensamientos. – Vaya…– sonrió. – ¿En qué pensabas?

Sonreí y suspire mientras negaba con mi cabeza. – Cosas…

–Esas “cosas” ¿tienen nombre de chica? – preguntó, sonreí con ganas. – ¿Estabas pensando en ella verdad?

Asentí y pase la mano por mi cuello para relajarme un poco. – Hace seis meses que no sé nada de ella… desde esa vez que la vi y desapareció…

–No deberías estar pensando en eso… a días de casarte…– Ryan me sonrió. Asentí aun pensando en ella, era inevitable no hacerlo.

Casarme.
Sí.
Levante mi mirada y suspiré… estaba probándome los trajes para ir a la boda.
¿La chica? Hailey… después de todo.

Después de que regrese de aquel viaje de negocios donde vi  a ___... Hailey había decidido regresar, ella quería intentarlo y siendo ella quien me propusiera matrimonio, aunque se vio extraño. Me canse de llamar a ___, luego su celular sonaba desconectado… y ahora no tendría idea de que parte del mundo podría estar.

Admito que ya no me sentía tan mal como hace unos meses atrás, iba a terminar loco pensando donde podría estar y cómo. Pero ahora… solo espero que esté bien. Era momento de… aceptar que el destino no nos quiere juntos.




*___.*


–Si…– sonreí mientras tomaba un sorbo de cerveza. – Es increíble. – reí con Macy Gray mientras Don Benjamín cantaba algo en el Karaoke del lugar.

–Hace seis meses que no te veíamos…– señalo.

–Estuve de vacaciones…– me encogí de hombros. – Bueno, estaba viviendo en otro lugar también. – reí.

– ¿Y qué te hizo regresar? – preguntó curiosa.

–Mi madre… se ha enfermado… y he venido a visitarla… desde hace una semana estoy acá…– sonreí tímida.

–Vaya… espero y se mejore.

–Ya está mucho mejor, era solo una alergia.

–De seguro exagero todo para que así vinieras a verle.

–Estoy segura de eso…– dije sonriendo mientras miraba mis dedos sobre el vaso de cristal lleno de cerveza.

Mi celular sonó y vi en pantalla marcarse un número conocido. Suspire y volví a mirar a Macy Gray.

– ¿No contestaras? – preguntó alzando una de sus cejas, sonreí un poco sin animo y negué con un movimiento de cabeza. – Anda contesta…– insistió esta vez.

–No debería…–murmuré.

–Debes. – sonrió ella. Suspire resignada.

–Bueno te dejo un momento…– dije, ella sonrió y asintió mientras me animaba con las manos a que saliera del lugar y tomara la llamada.

Camine entre las mesas y logre salir del lugar. Me dirigí a un pequeño mueble algo alejado de la entrada del pequeño club y tome asiento. Mi celular comenzó a sonar nuevamente y tome la llamada sin más esperar.

–Hol…

– ¡NO PENSABAS DECIRME QUE YA ESTABAS EN LA CIUDAD! – gritó Fabiana al otro lado del celular, cerré mis ojos mientras trataba de no quedarme sorda.

–Si estoy bien Fabiana, también espero que tú estés bien. – dije con sarcasmo.

–Disculpa por no preguntar. – suspiró frustrada. – Pero entiéndeme que llevo meses esperando que vengas y ahora que estas aquí no avisas.

– ¿Cómo te has enterado?

– ¡No es la respuesta! ¡Además eso no es lo que importa!

–Fabiana… o dejas de gritar o cuelgo…– dije ya cansada.

–Oye… ¿Qué te pasa?

–Pasa que no soporto que estés gritando como loca cuando puedo oírte perfectamente si hablas bajo.

– ¡Ugh! Disculpa…– dijo y se mantuvo callada un momento. – Bueno fui a casa de tu madre a visitarla… a ver como estaba…– suspiro. – Hablando cosas se le salió que habías venido a visitarla.

–Espero no se te salga a ti de la boca algo al frente de tu esposito Ryan o de sus amiguitos INCLUYENDO JUSTIN. – recalqué.

–Bueno, con ese ya no hay problema… como se va a casar anda en los apuros…– iba a continuar hablando pero se mantuvo en silencio.

–Dices que…

– ¡Ugh! Lo siento…– murmuró.

–No importa… está bien…– dije tragando saliva para disolver el nudo en mi garganta y el de mi estómago.

– ¿Segura?

–Sí, si. – suspiré. – Al fin y cabo debemos hacer nuestras vidas ¿no? – sonreí con nostalgia aunque ella no me viera. Hacer nuestras vidas, de eso se trataba… y me lo repetí seguidamente dentro de mi cabeza, me había prometido a mí misma no dejarme afectar por nada referente a él, y eso estaba intentando ahora mismo.

–Ay ___... – dijo en tono triste.

–Y hablando de bodas…– suspire. – ¿Cómo va tu matrimonio? – quise desviar su atención.

–Oh bueno…– suspiró. – Va bien, ya sabes. – la escuche feliz. – Aunque últimamente he estado sola en casa, tiene mucho trabajo y reuniones…– comento como si estuviera perdida en sus pensamientos. – Me da miedo cada vez que va a uno de esos trabajos… aunque van todos… siempre me asusta que no logre regresar ninguno de ellos.

–Estarán bien… saben lo que hacen…

–No debería decírtelo… pero…– guardo silencio hasta el punto que estuve a punto de decirle que hablara de una buena vez. – Están como en un tipo de guerra…– suspiro. – Con una banda allí, me gustaría que estuvieras acá cerca de mí… para que jugáramos a las detectives y poder enterarnos de lo que pasa. – sonreí por su loca idea. – Me mata no saber nada con exactitud, eso lo de solo porque le escuche hablar por teléfono la otra noche… sabes que no les gustan tener a chicas en el trabajo…– suspiro.

–Vaya… pero…– no sabía que decir a este punto no me podía meter en sus vidas, porque estaba intentado salir de ellas.

–Hey…– comentó en voz baja. – Debo dejarte… escríbeme, no seas perra. – dio una risita y sonreí. – Viene Ryan te quiero, chao. – dijo y antes de que yo pudiera decir algo colgó la llamada. Sonreí, ella estaba loca.


––

Me había comunicado con John, hace un par de días, al igual que Fabiana… él también se había molestado conmigo por no haberle avisado nada y haber desaparecido como si nada. No me comento nada de Justin, incluso intento siempre hacer conversaciones que no nos acercaran al tema de Justin y su boda.

Pero estaba a una semana de él casarse, y aunque me dolía… logre no llorar, él había aceptado al igual que yo hacer nuestras vidas. Mi madre ya estaba perfecta, y yo solo estaba esperando el día del vuelo de regreso New York, donde me había empezado a hospedar en un hotel hace tres meses atrás.

Pero necesitaba… desahogarme.
Pasa que… hay momentos que te puedes mostrar fuerte, y puedes soportar todo, incluso si algo malo escuchas o pasa y te decides a que no te afecte… no lo hará. Pero llega un momento que todas esas cosas te llenan, y te empiezan afectar de alguna u otra manera… y solo debes… soltar, dejar salir todo… aunque sea por un momento… debes hacerlo.

Así que… me dirigí en taxi a la montaña a donde una vez los chicos me habían llevado una vez hace años atrás.

Regresar al lugar me trajo muchos recuerdos, pero me hacía sentir en paz, de alguna manera u otra… me sentía segura en este lugar. Un vacío había inundado mi pecho, sentía como se hacía espeso el aire en mis pulmones… recordar todo… me dolía, saber que pudimos haber sido algo y no fuimos. Aquí, en este mismo instante, me estaba dejando afectar por todo, él estaba a punto de casarse, y no era conmigo, y aunque me lo negué a mí misma todo este tiempo… seguía amándolo con la misma intensidad desde hace un año atrás.

Sabes cuando has pensado que ya has superado eso, que crees que no te afectara más… pero llega un día, donde te dejas inundar por los recuerdos, te dejas sentir otra vez, vuelves a recordar lo bonito que se sentía… los buenos momentos juntos… incluso los malos momentos… y ahí te vez, amándolo otra vez… pero no puedes hace nada, porque él está a punto de casarse ahora… y no, no es contigo exactamente, esta vez no eres tú la novia. Y debes aceptarlo, porque fuiste quien propuso que debían seguir el destino y dejar que pasara lo que pasara, porque te cansaste de luchar, de sentirte mal, te cansaste de siempre llorar… pero una parte muy interna de ti te pregunta si… en algún momento ¿Debiste seguir intentándolo?

Si lo fueras intentado otra vez… ¿Cómo fueran las cosas ahora?

Pero no puedes volver atrás esta vez… él ha tomado la decisión desde antes, esa decisión que te hizo cambiar, cambiar tu forma de ser, tu forma de pensar. Esa decisión que te hizo darte de cuenta que mereces algo mejor a… siempre estar sufriendo o llorando, sintiéndote mal… Porque sabes que cuando arreglan todo… todo puede ser color de rosas luego… pero inevitablemente siempre hay algo que lo daña, y vuelve, todo vuelve, las peleas, los malos momentos, el sentirte mal, el llorar cada noche.

Me di de cuenta que estaba llorando, sí, como lo había hecho ya varias veces hace mucho tiempo, estaba llorando lo que me dolía, me estaba dejando afectar, lo estaba dejando salir, agarré con mis manos algo de pasto y los envolví en mis puños mientras la ira, el enojo, la tristeza… el dolor… me destrozaban por dentro.

Apreté mis dientes y cerré mis ojos con fuerza, quería de alguna manera que todo saliera y dejara de doler. Me levante del suelo y me puse de pie, camine hasta una de las orillas de la gran  montaña llena de colores y vida. La brisa golpeaba mi cuerpo, y no lo pensé abrí mis brazos a los lados y al mismo tiempo... Grité. Grité lo más fuerte que puede. Grite desatando la rabia que sentía porque mi vida fuera de esta manera. Grite por el dolor de sentir un amor perdido. Grite porque aun lo amaba y no quería seguir haciéndolo. Grite… porque… dejaba ir todo.

Abrí mis ojos y vi el eco de mi grito ir sobre la ciudad… se iba, tan libre, libre como quería yo sentirme.


–No lo hagas más…– escuche la voz masculina detrás de mí.


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lunes, 22 de agosto de 2016

CAPITULO 27


–­Broth…– escuche a Ryan llegar a la mesa del comedor, levante la mirada y sin decir nada la baje otra vez y metí una cucharada de cereal en mi boca. – ¿Dónde está Hailey? No la he visto hoy…– pregunto frunciendo su ceño mientras miraba alrededor.

–Se fue…– dije mientras volvía a meter otra cucharada de cereal.

– ¿Cómo así? ¿Pelearon? – preguntó, yo negué con un movimiento de cabeza. – ¿Qué paso broth?

–Solo no podíamos estar juntos…– suspiré y metí la última cucharada de cereal que quedada en mi plato.

– ¿Cómo paso? – pregunto aun confundido.


– ¿Seguirías conmigo si yo fuera él mismo de antes? – la mire a los ojos de forma sería. – Dime. – le presione. Ella bajo su mirada y negó con un movimiento de cabeza.

–Me daba miedo en ese entonces tu forma de ser en la vida…– comentó sin mirarme. – Y lamento que aun siga temiendo a eso. – levanto su mirada hacía mí. – ¿No eres el mismo de antes, cierto?

Negué con un movimiento de cabeza. – No…– suspiré. – En ese momento me llevaron preso por una injusticia, una equivocación… no había matado a nadie. – la mire a los ojos. – Pero ahora… si he matado personas, y lo seguiré haciendo si de eso vale el que yo y mis amigos estemos bien.

Ella abrió su boca dejando salir un poco de aire mientras unas lágrimas amenazaban con salir de sus ojos. – Entonces… Justin…– trago saliva.

– ¿Seguirás conmigo? ¿Podrás llevar esta vida conmigo? – le pregunte, ella respiro profundo y mientras unas lágrimas caían por su mejilla ella negó con un movimiento de cabeza.

–Lo siento…– susurró.

–No importa…– le di una pequeña sonrisa con algo de nostalgia.

–Creo que solo vine a dañar las cosas entre esa chica  y tu…

–No lo veas así, son cosas que van a pasar, solo eso.

– ¿Ella si te acepto así?

–Me defendió hasta el punto de dar su vida por mí…– le dije mirándola a los ojos.

–Deberías buscarla…

–Luego…– comente haciendo una mueca.


–Vaya…– suspiró Ruan y paso las manos por su cabeza. – No sé qué decirte men…

–Si sabes… dilo.

–Vale…– respiro profundo. – Eres un tremendo idiota…

–Lo sé. – acepte asintiendo.

–Debías haber valorado a ___, quien dio todo por ti…

–Lo sé, lo sé, soy un imbécil. – solté y lleve las manos a mi cabeza. – Ahora no sé qué hacer… ella no me responde nada, ni una llama ni nada, he ido a su casa hoy tres veces… aparte de ayer. – trague saliva y lo mire.

–Broth… no la encontraras…

–No seas tan positivo Ryan…– le dije con sarcasmo.

–Broth… es que… escuche a Fabiana que hablaba con ___ ayer por celular…

– ¿Y? – presione para que continuara.

–Bueno escuche que se fue de viaje…– dijo bajando la mirada.

– ¿A dónde se fue? – le mire, él negó con la cabeza. – ¿Dónde está Fabiana? Ella debe decirme donde está.


*___.*


–Servicio a la habitación. – escuche la voz masculina y suspire algo relajada antes de abrir la puerta. Relaje mis hombros al comprobar que realmente era el chico del servicio a la habitación.

–Su orden señorita…– dijo, asentí dándole paso a la habitación. Él entro junto al pequeño carrito de comida y lo dejo en el pequeño pasillo de la entrada de la habitación.

–Gracias…– le dije, él asintió sonriendo.

–Siempre a su orden. – comentó antes de retirarse por completo de la habitación.

Tome un par de cosas del carrito y fui hasta la mesa a comer. Suspire mientras metía un bocado de comida en mi boca y miraba la hermosa vista que me brindaba el balcón, era una noche tranquila, con una brisa fresca.

Moví los dedos de mis pies debajo de mis medias y mire el plato vació frente a mí. Cerré mis ojos y pensé en que si debía abrir o no los mensajes que había en mi celular, pero mi acción siguiente fue levantarme de la mesa y llevar los platos al carrito de comida. Tome un par de golosinas que había pedido para comer mientras veía las películas.

Luego de un rato, a mitad de la película, mire mi celular mientras tragaba un poco de chocolate que mantenía en mi boca. Suspire, la pantalla volvió a iluminarse, esta vez con una llamada, mordí mis labios y la vaga idea de atender la llamada se cruzó por mi mente, pero la deseche rápidamente.

No falto mucho para que la pantalla volviera a iluminarse esta vez con un mensaje. Trague saliva. Joder ___, deja de ser tan cobarde y hazle frente a lo que está pasando. Me regañe a mí misma.

6 mensajes y 23 llamadas perdidas.

Justin:
Nena, por favor atiende.
Hora: 09:19 pm.

Justin:
Sé que fui un estúpido, pero atiende las llamadas.
Hora: 09:23 pm.

Justin:
Está bien, está es la última llamada que te haré.
¡Atiende de una jodida vez!
Hora: 09:54 pm.

Justin:
___, por favor atiende.
Dije que sería la última hace rato… pero joder…
Hora: 10:20 pm.

Justin:
Nena… atiéndeme...
Ya perdí la cuenta de cuantas llamadas van L
Hora: 10:37 pm.

Justin:
Pasaré en esto toda la noche hasta que te dignes a contestarme L
¿Puedes apiadarte de mí? L
Hora: 10:53 pm.

Suspire y deje otra vez el celular sobre mi cama. Me recosté a las almohadas y cerré mis ojos. ¿Qué debía hacer? me preguntaba una y otra vez. Si le contestaba… me estaría traicionando a mí misma, porque para eso hice el viaje, para alejarme de todo.

Abrí mis ojos y en el mismo instante la pantalla se ilumino está vez mostrando su nombre en una llamada entrante. Tome el celular y deslice mi dedo sobre la pantalla para luego llevarlo a mi oído.

–Justin. – fui a decir algo más pero él me interrumpió.

–Por el amor a Dios… al fin respondes. – suspiró. Apreté mis labios para omitir una pequeña sonrisa por su tono de voz. – Pensé que no contestarías…

– ¿Y entonces porque seguías insistiendo?

–Porque necesitaba hablar contigo…– escuche su voz calmada y apagada.

– ¿No podías esperar hasta mañana?

– ¿Estabas ocupada acaso?

– ¿Justin crees que las personas no duermen?

–Perdón si estabas dormida…– dijo. – Desde las ocho. – pronuncio con sarcasmo.

– ¿Llamabas para eso? – levante mi ceja aunque él no pudiera verme.

–No… llamaba para…– respiro y todo se quedó en silencio un momento. – Quería pedirte perdón por todo ___. – cerré mis ojos para escuchar su voz. – Sé qué fui un imbécil.

–Lo eres.

–Lo soy. – sonreí. – Pero ___, me di de cuenta que eres tú lo que quiero en mi vida…

– ¿Y Hailey?

–No se compara contigo…– suspiro. – No me pude dar de cuenta antes que ella no es la chica que está hecha para estar en mi vida. – apreté mis labios.

–Yo tampoco lo soy, Justin…

–No, si lo eres. – se apresuró a decir. – Ella no me acepta, nunca me ha aceptado con él tipo de vida que llevo… y tu… tu nunca te fijaste en eso, no te importo cuantas personas haya matado, o en cuantos problemas me haya metido, tu siempre estuviste allí.

–Pero Justin…

–No ___, escúchame, sí, fui un imbécil al pensar que podía regresar con ella y todo sería tan bonito como antes, pero me equivoque, no vi la persona que tenía frente a mis ojos, la que daba todo por mí sin pedir nada a cambio. – apreté mis labios y contuve un sollozo a este momento ya estaba llorando. – No pensé en todo lo que había hecho por mí. – levante mi mirada hacia arriba viendo la lámpara que iluminaba la habitación. – Yo a cambio, le pague de mala manera, de la peor manera, te pague. – guardo silencio. – Perdóname ___, fui un imbécil… pero perdóname, perdóname esta vez.

–Justin… entendí que… el destino… no nos quiere ver juntos…– suspire y sorbí mi nariz. – Tanta adversidades, tantos problemas, tantos desafíos…– cerré mis ojos. – Siempre nosotros luchando contra todo para continuar juntos y a pesar de eso… la vida siempre nos puso en frente de que no debíamos estar juntos…

–No ___, no, el destino lo hacemos nosotros…

–Justin. – le interrumpí. – No puedo… yo… quiero tener una vida normal. – me encogí de hombros. – Quiero tener una cita, quiero salir sin miedo a que me vayan hacer algo…

–Tú nunca me dijiste que sentías miedo al salir conmigo…

–No lo sentí. – suspiré. – Tampoco quiero sentirlo… pero quiero intentar tener una vida normal.

–Nunca la vas a tener ___, estás hecha para vivir conmigo. – dijo con su voz ronca, lleve las manos a mi boca para contener más el sollozo. – Sabes que estamos hechos para vivir juntos ___... por favor…

–Justin… no insistas… realmente quiero intentarlo…

– ¿Entonces por qué lloras? – pregunto. Negué con mi cabeza como si él pudiese verme.

–Es tarde ya… debo dormir…

– ¿Dónde estás?

–Fuera de la ciudad…

–Dime donde e iré hasta allí nena…

–No Justin…– sonreí sin ánimos.

–___...


–Justin…

– ¿Responderás luego?

–Solo si no seguirás insistiendo…

–Será difícil. – dijo. Sonreí y asentí. – Pero quiero saber de ti siempre… así que sacrificare eso…

–Está bien…

–Te dejare dormir entonces…

–Gracias…

–Buenas Noches nena…

–Buenas Noches Justin.


––


Suspire, hacía algo frió así que se veía el humo blanco salir por mis labios, mire a mi alrededor, estaba solo el lugar, junte mis manos y a pesar de llevar guantes estás estaban congeladas. Camine más hacia la orilla y mire el final del lago, donde se encontraba con una pequeña montaña.

Una brisa fría golpeo mi cuerpo haciéndome estremecerme. Cerré mis ojos y sin poder evitarlo una lagrima cayo por mi mejilla.

Allí me encontraba… sobre el puente de madera, nada había cambiado y ya iba hacer un año después de todo. Tragué saliva. Mire a mí alrededor y suspire sin poder dejar de llorar.


Lo vi caminar hacia mí con una hermosa sonrisa, esa que te llena la vida de luz, de alegría. Sonreí tímidamente bajo su atenta mirada. – Pensé que no vendrías…– dijo sonriendo mientras se acercaba más a mí.

–Pues aquí estoy ¿qué esperabas? – dije encogiéndome de hombros.

–Pensé que no te dejarían venir…– bromeó.

–Tonto. – sonreí. Él termino de llegar a mí y me envolvió en sus brazos en un reconfortante abrazo. – ¿Cómo estás? – le pregunte.

–Pues bien, de estar aquí y verte, tú ¿cómo estás?

–Nada mal…– le sonreí.

–Pensé que no habrían personas aquí…– sonrió mientras pasaba su brazo por encima de mis hombros y comenzábamos a caminar hasta el final de puente de madera.

–Yo igual…– dije sonriendo.

–Perdón por eso. – rió.

–No importa.

– ¿Cómo está todo en casa?

–Está bien, todo está más tranquilo…

–Bueno…– suspiro. – Mira esto. – señalo hacia el final de lago, sonreí, había tanto frío que no lograba verse la pequeña montaña por la neblina.

–Es hermoso…– sonreí.

Él asintió, le vi separarse un poco de mí y quitar su bolso de encima de donde saco una pequeña sabana y la extendió en el suelo. – Señorita…– señalo hacia el piso en señal de que yo me sentará sonreí. Asentí y me senté, él me devolvió la sonrisa. – Acá traje…– sacó un pequeño termo. – Algo de chocolate caliente…

–Rico…– murmure.

–Sabía que haría falta en este día…– sonrió mientras se sentaba a mí lado.

–Gracias…– le dije sonriendo.


Sequé mis lágrimas y mire a mi alrededor, no había nadie, el lugar estaba solo, y por un momento… desee ver a Austin venir a mi como ese día. Mire el suelo, exactamente en donde estábamos ese día, suspire y me senté allí sobre la fría madera, la vista era la misma, pero no estaba él, y lo extrañaba.

Hay veces en que llegas en esos momentos de tu vida cuando todo lo que quieres es regresar al momento de tu pasado, donde todo, por alguna simple razón, parecía ir bien. Quieres comenzar desde ese momento, hacer cosas que no hiciste, y no hacer las cosas que hiciste para que nada llegara a como está ahora.

Empiezas a estudiar cada momento, buscando saber en qué parte te equivocaste y no das con el error. No sabes si toda la equivocación fue desde un principio… o solo de un tiempo para acá. Todo lo que deseas es que todo fuera bien, que todo marchara de acuerdo a como querías.

Recordé a Austin… y aunque no pensaba que lo haría, en estos momentos… me sentí arrepentida, arrepentida por no haber compartido por completo cada momento con él. Porque no pude interrumpir su plan, porque ahora quisiera estar casada con él, y no extrañándolo y pasando por este sufrimiento de no poder estar con una persona a la que amas.

Porque me sentía mal por él, porque él decidió que lo mejor sería irse y dejarme a mi ser feliz con Justin. Sin saber que con él… posiblemente podía ser feliz, y estaba completamente segura de que lo sería, él tenía todas las características para hacerme feliz.

Abrí el pequeño termo y tome un sorbo de chocolate caliente. Suspiré y cerré mis ojos para volver a recordar ese momento. – Si estuvieras aquí quizás todo fuera tan diferente…. – susurré al aire.

––

Había pasado un mes, mire alrededor de mi habitación. Un mes, sola, pensando y reflexionando sobre todo en mi vida.

A veces… algunas noches, Justin me escribía preguntando como estaba o que hacía… simplemente le respondía… pero no era tan frecuente, era simplemente a veces…

Mire el reloj de la pared, ya era hora, había conseguido un pequeño empleo en uno de los puestos de comida en el puente de madera y aunque no necesitaba dinero porque tenía de sobre por lo que Austin me había dejado en la cuenta del banco aun así decidí tomar un trabajo para tener algo que hacer. Y estaba pensando seriamente rehacer mi vida aquí, en Denver–Colorado.

Todo había marchado bien desde que había decidido ir al puente por primera vez sola desde tanto tiempo y tener una “charla” con Austin. Aunque cualquiera que me viera pensaría que estaba loca por hablar sola pero… yo sabía que él me escuchaba en cualquier lugar donde estuviese.

––

–Ya puedes empezar…– me dijo Samuel al terminar de colocar las mesas. Asentí y tome un pequeño bote de agua y un pañuelo.

–Vengo en un momento. – les sonreí. Ellos asintieron, estaba empezando a caer la noche, así que me apresuré a limpiar las mesas y arreglarlas, Samuel me ayudo a colocar los envases de salsas y sal, en pocos minutos terminamos. Fui a guardar todo y me lave las manos para prepararme y atender a las personas que llegaran a comer.

Luego de un rato todo seguía tranquilo como todas las noches, los clientes esperaban sus turnos y eran muy amigables. Una nueva mesa se llenó de un par de chicos todos con gorros porque la noche era igual de fría desde hace unos días para acá, tanto así que algunos no pedían cerveza sino café o chocolate caliente.

Tome mi pequeña lista para ir a tomar nota de la orden de la mesa 13, donde estaban los chicos. Camine con calma entre las mesas y llegue a la mesa de los chicos. Suspire y antes de yo poder decir algo uno de ellos hablo dándome su orden sin levantar la mirada del menú, fruncí mi ceño, eran extraños.

–Yo quiero una Hamburguesa especial doble. – dijo él chico que yo tenía a un lado. Fruncí mi ceño, su voz… se me hacía conocida. – Y una cerveza…– dijo y lo miré, él levanto su rostro y enfoco su mirada en mí dejándome fría, tragué saliva, no podía ser.


No podía creer a quien estaba viendo.

domingo, 21 de agosto de 2016

CAPITULO 26


Y aunque Hailey fue quien llego y me quito a Justin… ahora yo sentía pena, sentía como si fuera la “otra” con la que Justin le engañaba. Ella le miraba pidiéndole alguna explicación con los ojos, los chicos nos miraban a todos de igual forma. Y Era incómodo. Realmente incomodo estar en el mismo lugar que ellos. Con Hailey y Justin.

Apreté mis labios y trate de fingir que no había llorado. – ¿Estás bien? – preguntó John mirándome. Baje la mirada. – ¿Qué haces acá?

–Justin…– fui hablar pero no supe que decir.

–Yo la traje conmigo. – escuche detrás de mí la voz de Justin, me gire a verle, sus mirada era vacía, sus ojos se veían vidriosos, era como si… estuviera triste.

– ¿Cómo así? – Hailey preguntó frunciendo su ceño pero tranquila en su lugar.

–Pero si estabas en el club con nosotros…– comento Christian.

–Pues nada. – él alzo sus hombros un poco. – Tome a ___ y la traje conmigo. ¿Algún problema? – pregunto con mirada desafiante a todos.

–Pueden estar tranquilos. – los mire a todo y a Hailey. – No volverá a pasar. – dije y tensé mi mandíbula. Ella fue a decir algo pero la deje con la palabra en la boca. Camine rápidamente a la salida de la casa y escuche alguien venir tras de mí.

–___, espera…– le escuche decir. – Detente.

– ¡¿QUÉ?! – solté dándome la vuelta y volviendo a llorar. – No puedo seguir con esto John.

–Pero… ¿Qué sucedió?

–Estaba en un pequeño motel con un amigo y él llego casi que tumbando la puerta. – señale tras de él hacia la casa donde se encontraba Justin. – Entro y nos apuntó. – sequé mis lágrimas con rabia. – Yo acepte venir con él para que no le hiciera nada al otro chico. – mordí mi labio y respire profundo tratando de calmarme. – Él no puede venir tomarme y botarme cuantas veces quiera. – espeté histérica. – ¡NO SOY SU JUGUETE! – comencé a llorar llevando las manos a mi cara. – No entiendo que quiere de mí. – lloré, sentí los brazos de John rodearme en un abrazo. – Necesito olvidarle, dejarlo atrás, rehacer mi vida como lo está haciendo él con Hailey…– pegué mi frente al pecho de John. – Pero él es tan egoísta que no me lo permite… y yo estoy cansada de esto John.

–Lo sé…– susurró mientras una de sus manos bajaba y subía por mi espalda para calmarme, y fue efectivo, luego de un momento me sentía aliviada.

–Lo siento…– susurré separándome de él y terminando de limpiar mis lágrimas. – Debo separarme de todo esto…– le mire sonriéndole con nostalgia.

–No digas eso…– me sonrió de igual manera. – No tomes decisiones precipitadas…

–Lo sé…– asentí. – Bueno…– respiré profundo. – Debo irme…– mire a los lados y vi en la puerta de la entrada de la casa a Hailey adentrarse, fruncí mi ceño, no supe cuánto tiempo llevaba allí mirándonos.

– ¿Te llevó? Es algo tarde…– comentó, asentí.

–Gracias. – me encogí de hombros.

–Ya vengo con el auto…– dijo, asentí y le vi irse apresuradamente a encender el auto que no estaba muy lejos, pensé en ir y subirme de una buena vez, pero no tenía ánimos de moverme, ahora mismo me estaba preguntando donde estaban mis jodidas piernas que no me daban para nada.


*JUSTIN*


–Pueden estar tranquilos. – dijo ella y nos miró a todos sin exceptuar a Hailey. – No volverá a pasar. – tensó su mandíbula. Vi que Hailey quiso decir algo pero ___ solo optó por apresurarse y caminar para salir de la casa.

Vi a John ir tras ella, tragué saliva y me quede quieto en mi lugar. – ¿Qué acaba de pasar man? – me miro Ryan mientras caminaba hacia a mí.

Negué con mi cabeza. – No lo sé…– suspiré. Mire a Hailey y ella no dijo nada, solo se dirigió a la puerta de la casa, y en estos momentos me importaba mierda si ella se iba. – No sé qué paso. – tense mi mandíbula y pase las manos por mi cabello tratando de aclarar mis pensamientos.

Me sentía herido, me sentía mal, quería estar con ___. Pero… sus palabras en la habitación “¡DÉJAME EN PAZ!” se repetían una y otra vez en mi cabeza, y su mirada de dolor. No sabía si insistir nuevamente, ir por ella, porque… parecía lastimarla con eso.

–Estábamos en el club pasando una noche de chicos… y tú simplemente te desapareciste…– comentó.

–Se lo que paso. – le mire. – A lo que me refiero es a… a como me estoy sintiendo yo…– le mire a los ojos. Él abrió sus ojos un poco cayendo en cuenta a que me refería.

–Te estás dando cuenta de que tomaste una decisión precipitada ese día… ¿cierto? – me preguntó mirándome a los ojos. Asentí.

–Necesito pensar…– dije serio y me di la vuelta para ir a mi habitación.


––

– ¿Explícame que sucedió ese día? – dijo Hailey en un susurró sin quitar la mirada del televisor.

Habían ya pasado tres días… tres días en los que ella había actuado como si nada hubiese pasado, pero sabía que llegaría este momento, y aquí estaba, viendo televisión y ella a mi lado…– Hailey… yo…

– ¿Te arrepientes? – preguntó directamente.

–No es que me arrepienta…– pase la mano por mi cabeza…– Es solo que… he pasado tantas cosas con ella…– tensé mi mandíbula. – No es como si la fuera a dejar de querer de un día a otro…

–Entiendo…– suspiro y se acomodó en el sofá sin aun mirarme. – Yo fui la que me mentí entre ustedes…

–No te metiste…

–Claro que sí. – dijo y se incorporó quedando sentada y mirándome. – Lo hice, llegue de la nada y no me importo que tuvieras novia, quería recuperarte a como dé lugar. – me miró a los ojos. – Pero Justin… me preocupa…

– ¿El qué?

– ¿Tú sigues en lo de antes? – preguntó. Suspire y mordí mi labio. – Dime, porque ese día la escuche decir que habías llegado con un arma y la habías traído contigo… hasta ibas a matar al chico que estaba con ella… de no ser por ella venir contigo… ¿ese chico estaría muerto? – me miro algo confundida. – Dime Justin… ¿sigues en lo de antes?

–A de ser así…– suspire. – ¿Seguirías conmigo?

–Respóndeme lo que te pregunte Justin.

– ¿Seguirías conmigo si yo fuera él mismo de antes? – la mire a los ojos de forma sería.



*___.*


–Lo siento…– suspiré y baje la mirada. – Lo intente, lo sabes…

–Lo sé linda

–Y no quiero que te pase algo por mí culpa…

–No me importaría ___. – tomo mi barbilla y me hizo alzar mi rostro para que le mirara a los ojos. – Estuve asustado, claro que sí ¿Quién no se asustaría con un arma encima? Pero…

–Pero no puedes Don, no te lo puedo permitir… no me lo puedo permitir. – le mire preocupada. – No puedo poner tu vida en riesgo…

–Anda ___, ya le dijiste que se terminó, él debe aceptarlo…

– ¿Y qué si no? ¿Qué si siempre regresa? – le mire a los ojos fijamente. – Don… estoy acostumbrada a esto…

–Pero necesitas una vida normal ___... – me miro a los ojos. – Tú necesitas vivir…

–Lo sé…– apreté mis labios en una fina línea. – Pero…

–Pero nada… no puedes dejar de intentarlo…– me miro a los ojos.

–Don perdón…– le mire y respire profundo. – Pero… No quiero involucrarte más. Ya tome la decisión… podemos seguir siendo amigos, pero nada de intentar tener algo…

–Está bien…– asintió él tranquilo.

–Bueno…– suspiré. – Debo irme…– me encogí de hombros.

–Sí. – me sonrió. – No pierdas el vuelo…

–No lo haré… lograré llegar a tiempo. – le sonreí. – Hasta luego...

–Hasta que te vuelva a ver en la vía…– sonrió, sonreí con ganas.

–Nunca pierdes el sentido del humor…

–No hay porque hacerlo. – se encogió de hombros sonriendo.

–Bueno… Adiós…– di un paso y le abrace.

–Adiós pequeña. – dio un beso en mi frente mientras me rodeaba con sus brazos. Suspire con los ojos cerrados por lo cómodo que se sentía, luego de un momento nos separamos, y di dos pasos hacia atrás, le sonreí y me di la vuelta para dirigirme a la cabina donde entregaría mi boleto de vuelo.

Ya hacía tres días… tres días desde que supe de él por última vez. Me había podido despedir de mi madre y Frank, me despedí de Fabiana aunque fue solo por llamada, y con John, con él salí a tomar un café de noche… acepto mi idea de irme, me apoyó en que yo debía de alejarme de todo y aclarar mi mente, aunque posiblemente no fuera un viaje de estadía… pero, nunca se sabe, podría decidir quedarme allí, en Denver–Colorado.

––

Mire por tercera vez mi celular, 5 mensajes y 18 llamadas perdidas. Apreté mi labio y camine hasta la ventana de la gran habitación. Apenas había sido ayer que había llegado del viaje y me había instalado en una pequeña habitación de un gran hotel.

Mi celular volvió a sonar y pensé en no contestar pero al darme de cuenta que el nombre que se marcaba en la pantalla no era el anterior sino mi madre… no dude en contestar.

–Hola mamá…– respondí.

–Hola pequeña, ¿cómo estás? – preguntó alegre.

–Bien mamá… está todo bien, estoy bien…

– ¿Qué has hecho? – preguntó emocionada.

–Nada, he estado en la habitación todo el día de ayer descansando del vuelo, y hoy… también tuve ganas de quedarme en la habitación… y como ya casi cae la noche veré un par de películas hasta dormir…

–Me alegra que te estés relajando…– suspiró, ese suspiro que dice que pasa algo pero no sabe cómo decirlo.

– ¿Pasa algo mamá? – le cuestione.

–Bueno…– suspiró. – Hija es que no se si deba contarte…

–Debes contarme, no pensaras dejarme con la duda y hacer que tome un vuelo de regreso para que me digas… ¿o sí?

–Por supuesto que no. – dijo rápidamente y sonreí.

–Bueno… entonces dime…

–Sucede que…– la escuche alejarse un poco del ruido. – Ese chico…– Comenzó. – Justin. – rectifico y mi respiración se detuvo al escuchar su nombre. – Él ha venido desde que te fuiste. – Mi corazón comenzó a latir más rápido de lo normal. – El día del vuelo… vino al medio día… y en la noche, ayer vino en la mañana, en la tarde y en la noche…

–Dile que…

–Ya sabe que te fuiste de viaje…

– ¿Cómo lo sabe? – pregunté sorprendida.

–No lo sé. – respondió rápidamente. – Él venía y preguntaba por ti, preguntaba a qué hora llegaría a casa o cosas parecidas. – dio un suspiro. – Pero ahora… él vino y pregunto a donde te habías ido, que él ya sabía que te habías ido que le dijera por favor a qué lugar…

– ¿Y le dijiste? – dije mientras me sentaba en un sofá un poco alejado del balcón.

–No…– suspiró. – Pero hija… se ve muy preocupado…– baje la mirada. – Deberías decirle, él tiene urgencia en hablar contigo…

–Mamá, no… sabes que… ya hablamos esto mamá. – cerré mis ojos.

–Lo se hija… pero él…

–Pero él prefirió estar con otra chica mamá… no quiero volver a tener la misma conversación de antes…

–Lo sé ___, pero debería hablar con él, escucharlo…

–No mamá, es muy tarde, espere semanas por él… ¿Y vendrá a mí cuando yo ya di todo por terminado? No mamá.

–Bueno está bien pequeña…

–Si mamá…

–Bueno te dejo… debo hacer la cena…

–Bien mamá, gracias por llamar, te quiero.

–Te quiero más hija…– dijo y corto la llamada.

Tragué saliva y me acomodé en el sofá… suspiré y cerré mis ojos, estaba molesta, sí, pero no sabía por qué. Justin… quería hablar con él, pero estaba molesta con él, por sus decisiones y por todo lo que hacía mal…

Brinque en mi lugar cuando el timbre de mi habitación sonó. Abrí mis ojos un poco asustada, pero sacudí mi cabeza sacando el pensamiento de que podía ser Justin, aunque mi madre, Fabiana y John eran los únicos que sabía a donde iba les hice prometerme que no le dirían nada a Justin. Y no creo que ellos fueran a romper esa promesa.

Me coloqué de pie y camine hasta la puerta. – ¿Diga? – pregunté antes de abrir.


–Servicio a la habitación. – escuche la voz masculina y suspire algo relajada antes de abrir la puerta.


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jueves, 11 de agosto de 2016

CAPITULO 25


>>Era incómodo. Realmente incomodo estar en el mismo lugar que ellos<<


Hace dos semanas, sí, exactamente hace dos semanas enteras que estaba “intentando algo” con Don. Aunque seguíamos como antes solo habíamos tenido roce de labios o besos cortos y les hablo solo de los momentos en que nos despedíamos en las noches. Sí, en las noches, pasábamos días enteros juntos. Me había llevado al lugar de patinaje en el hielo, también me llevo a pescar en un bote, tuve varias barbacoas con sus amigos, Fred, Alex, Matt, Victor y aunque al principio fue incomodo >tanto para ellos como para mí< pero luego nos acostumbramos y nos llevábamos muy bien a pesar de ser la única chica del grupo. Extraño pero cierto… en el grupo de Justin también empecé así, pero ahora no tenía amiga a quien incluir en esto.

Estaba agradecida de haber encontrado a alguien como Don y con él sus amigos. Eran tan divertidos, no eran rutinarios, siempre encontraba algo diferente que hacer, incluso eran algo extremos, me habían llevado a esquiar (fuera de la ciudad) pero solo les acompañe y me limite a observarlos, también me habían llevado a cazar, sí primero se encargaron de enseñarme a disparar la escopeta y luego me enseñaron a cuan quieta y callada debía estar para poder cazar, aunque ellos lo intentaran y tuve muchas oportunidades no pude reunir el valor para dispararle a algún venado. Así que solo me pusieron a practicar disparándole a lats de cerveza a una larga distancia y a observarlos cazar en algunas ocasiones.

No puedo dejar por fuera el hecho de que hace tres días nos fuimos a jugar PAIN BALL donde también me enseñaron a disparar, esta vez sí jugué con ellos. El juego trataba de dividirnos en dos equipos para luchar, cada equipo término siendo de ocho personas, todos los chicos y unas personas más quedaron conmigo, mientras otro grupo estaba conformado por personas que no conocíamos pero iban a jugar, en fin, el juego trataba de dispararnos con las armas que nos habían dado, pero estas armas solo soltaban bolas de pinturas, y por regla del juego debíamos pegarle al “enemigo” al menos unas ocho veces para que pudiera estar fuera de juego.

Al final de todo a mí me mataron luego de unos 15 minutos, cuando me encontraron escondida detrás de un árbol, a consecuencia de eso ahora tenía morados en algunas partes de mi cuerpo donde el uniforme del juego no era tan grueso para amortiguar el golpe de la bola de pintura.

Pero ahora mismo eso no me preocupaba, o tal vez sí. Estaba tratando de decidir que ropa utilizar esta noche, está noche iría a un club, sí un club, asistiríamos simplemente porque uno de los chicos, Alex, es DJ, así que nos invitó y como Don y yo no teníamos nada que hacer decidimos aceptar ir.

Volviendo al punto principal, trataba de encontrar algo entre mi ropa que no dejara ver los moretones que había dejado el juego de hace tres días en mí. Brinque en mi lugar cuando el sonido de mi celular que estaba sobre mí cama me sacó de mis pensamientos. Me dirigí hacia la cama y lo tome. – Dime…– respondí sosteniendo la toalla de baño alrededor de mi cuerpo.

–Dime que estás lista, por favor. – escuche su voz de súplica enredada en algo de diversión. Reí. – Vamos dime que sí.

–No…– sonreí. – Aun no, aun busco que ponerme. – comenté mientras caminaba a mi closet y fijaba mi mirada por décima vez sobre las prendas de ropa. – Debo cubrir los moretones.

–Solo no tardes más. – le escuche comentar. – Los chicos y yo ya estamos listos, pasaremos por ti en un rato.

–Vale…– murmuré. Mordí mi labio mientras intentaba decidirme sobre que ropa llevaría. Deje el celular sobre la cama nuevamente y volví al closet, pasaría horas allí si no me decidía ahora mismo en que llevar puesto.

Luego de unos minutos finalmente me decidí por unos pantalones negros cuál altura llegaba a mi ombligo, tome unos botines de tacón algo altos de color negro, y una camiseta corta que dejaba ver una línea de mi piel entre ella y mi pantalón, como era algo descotada me decidí por llevar una chaqueta del mismo largo de la camiseta, pero me cubría los brazos y era algo caliente, hacía una noche fría.

Estuve lista en poco tiempo, termine de maquillarme y fui hasta la ventana de mi habitación, respire profundamente llenando mis pulmones de aire fresco, dirigí mi mirada hacia abajo donde llegaron un par de autos e hicieron sonar sus bocinas, fruncí mi ceño pero lo deshice cuando vi a Don bajar de uno de los autos, él me saludo con un movimiento de mano y yo le devolví el saludo. Él me hizo seña para que bajara lo que hice rápidamente, salí de mi departamento con mi pequeña cartera donde llevaba algo de maquillaje, las llaves del departamento y mi celular y claro mi identidad.

No tardamos mucho en llegar al club, no me quejo, era grande este club así que podíamos caminar con tranquilidad entre las personas. Alex ya estaba haciendo sus mesclas cuando llegamos, nos acercamos un poco a donde él se encontraba, nos hizo un saludo con la mano. Yo por mi parte fui a la barra donde ordene lo que siempre ordenaba en todos los lugares, una bebida suave con sabor a limón. Don y los chicos hicieron lo mismo pidiendo ellos sus bebidas y luego todos nos movimos de allí y nos colocamos en un lugar de la pista entre tantas personas y comenzamos a bailar la buena música que sonaba.

Luego de un rato me fije en los chicos tratando de coquetear con las chicas que andaban sola, Don… bueno yo me encontraba con Don bailando y hablando. Estaba feliz, todo iba tan bien, me sentía bien, me estaba divirtiendo, pero esa felicidad no duro mucho.

Iba en mi quinta copa y yo no podía estar ebria, no podía estar alucinando cosas, ni siquiera estaba mareada, entonces en ese caso… no estaba alucinando.

La respiración se enganchó en mi garganta, me obligue a mí misma a continuar moviendo mi cuerpo aunque me sentía aturdida y no lograba escuchar la música del fondo. Don quien bailaba frente de mí me miro y yo di un suspiro algo nerviosa y eso basto para que él se diera de cuenta que algo no marchaba bien, y de verdad… esto no estaba marchando bien.

– ¿Qué pasa? – pregunto acercándose a mí y tomándome para comenzar a bailar una música suave. – ¿Estás bien? Estás fría…

–Sucede que…– cerré mis ojos para abrirlos nuevamente y con cautela sin que se diera nadie de cuenta mire en la dirección a donde había mirado antes y allí estaba, no estaba alucinando. Deje de mirar como si nada. – Es él. Él está aquí en el club. – susurré como si él pudiera escucharme.

Él frunció el ceño un poco confundido. – ¿Hablas de tu ex? – preguntó y asentí, él solto un pequeño respiro. – Vamos… has como si nada, como si él no estuviera aquí. – pronunció. Y no podía creerlo pero realmente parecía más un amigo que “el chico con el que estoy intentando tener algo”.

– ¿Podríamos irnos al motel de ese día? – pregunté por lo bajo mientras baila muy cerca de él.

– ¿Por qué? – sonrió. –  No pensaba pasar a segunda base tan rápido. – sonrió más.

–No seas idiota. – golpeé un poco su hombro con la palma de mi mano mientras sonreía. Por un momento me sentí aliviada.

–Demuéstrale lo que se perdió. – me comento al oído y se alejó para ver mi reacción. Sonreí con ganas mientras negaba con mi cabeza, él estaba loco.

Y aunque no quise prestarle mucha atención a sus palabras… fueron exactamente esas palabras las que se repetían en mi mente dejándome divertirme y haciéndome mandar todo a la mierda recordando que ya todo eso, lo de nosotros estaba en un pasado.

Tome un par de copas más, mi cabello estaba algo húmedo de sudor, estuve bailando por mucho rato, como era la única del grupo, los chicos (que no estaban en plan de coqueteo con algunas chicas) me invitaban a bailar. Pero ahora Don estaba hablando con los chicos divertidamente mientras yo me daba un respiro y me recostaba a la pared, cerré mis ojos y di un trago más a mi bebida, volví abrir mis ojos y levante la mirada… con suerte con un poco más de alcohol Justin dejaría de intimidarme, y dejaría de preocuparme su mirada oscura, porque sí, me estaba mirando ahora mismo y su mirada era oscura.

Al cabo de dos horas me encontraba en el motel con Don, de igual manera, como la última vez, él compro cosas y golosinas para comer, y esta vez una botella de Whiskey para terminar de embriagarnos.

Estabas viendo un programa de televisión donde unas personas competían… era algo chistosa, o bueno no sabía si el alcohol estaba comenzando hacer efecto y me hacía verlo chistoso. Brinque en mi lugar al igual que Don cuando unos golpes fuertes se escucharon sobre la puerta de nuestra habitación.

Me volteé a ver a Don quien me miraba también algo sorprendido y a la vez preocupado. Los golpes en la puerta volvieron a sonar esta vez como si la fueran a sacar de su lugar. – ¡¿QUIÉN ES?! – grito Don colocándose de pie y yo tras de él.

Don camino con cautela hasta la puerta mientras yo me mantenía de pie al lado de la pequeña mesa. Él respiro profundo y me miro, asentí y luego el miro hacia al frente de él, hacia la puerta, tomo el pomo, lo giro y abrió la puerta.

Una figuro se vino sobre él, abriendo la puerta completamente y llevándolo a él a caer sobre la cama. Grite asustada y enfoque mi mirada en el individuo que había entrado. Abrí mis ojos sin poder creerlo. – ¡JUSITN! – grité y me le fue encima para quitarlo de encima de Don.

– ¡¿DÓNDE ESTÁ ELLA CABRON?! – le gritó.

– ¡¡AQUÍ ESTOY!! – le grite y le empuje haciéndolo caer a un lado de Don.

Justin me miro y frunció su ceño. Se incorporó rápidamente y se dirigió a mí tomándome por el brazo con fuerza para hacerme caminar con él.

– ¡DÉJALA QUIETA! – le gritó Don mientras le ponía la mano en el hombro a Justin para detenerlo.

Justin me soltó pero con un movimiento rápido llevo sus manos a su espalda trayendo adelante con ellas un arma que apuntaba a Don. – ¡NO! – grité y me atravesé entre el arma y Don. – ¡JUSTIN! – le mire a los ojos. – ¡ME VOY CONTIGO SI ESO QUIERES! – levante mi manos. – ¡PERO NO LE LASTIMES! – mi cuerpo temblaba, no quería que Justin matara a Don, y menos por mi culpa.

–___ no…– comento Don.

–Se lo que hago Don. – dije sin mirarlo. Justin apretó su mandíbula y me tomo por él brazo para llevarme con él.

Me hizo caminar hasta él auto, donde él abrió la puerta de los asientos de atrás y me hizo entrar con brusquedad. – ¡PUEDES CALMARTE! – le grité furiosa. – ¡ESTOY ACEPTANDO IR CONTIGO, NO DEBES PORQUE OBLIGARME A SUBIR ASÍ! – espeté.

–Cállate. – me dijo. Abrí mi boca algo ofendida.

– ¡¿SABES QUE JUSTIN?! – le mire molesta. – ¡NO ME DA LA GANA DE CALLARME! ¡NI SIQUIERA TIENES DERECHO DE VENIR HACER ESTO! ¡Y TU…– no pude terminar la frase porque él se había acercado a mí y coloco en mi boca una corbata que en ese momento no sabía de dónde demonios la había sacado.

Trate de hablar pero no pude, furiosa fui a quitarme la corbata de mi boca pero esto ocasionó que Justin sujetara mis manos e incluso mis pies. – ¡Esto te ayudara a quedarte quieta de una jodida vez! – espetó. Abrí mis ojos, en estos momentos quería matarlo. Sí, yo misma quería matarlo. Lo odiaba, sentía una rabia dentro de mi cuerpo que si me desataba lo mataría a golpes.

Él subió en la parte de adelante y colocó el auto en marcha. Iba furiosa, pero luego de un rato comencé aceptar el hecho de que Justin era quien me llevaba, así que era preferible estar así a que hubiese matado a Don. Cerré mis ojos y trate de calmarme, respire un par de veces y trate de omitir la molestia que se sentía tener una corbata entre los labios que se amarraba tras de mi cabeza.

Abrí mis ojos mientras fruncía mi ceño, enfoque mi vista y me fije que me encontraba en una habitación, está habitación era conocida, restregué mis ojos y los volví abrir. Caí en cuenta rápidamente que mis manos ya no estaban sujetadas, mis pies tampoco y la corbata ya no estaba en mi boca.

Me incorpore rápidamente quedando sentada en la cama y encontrando frente a mí a Justin caminando por la habitación. Era su habitación, en la casa de los chicos, la reconocía.

Me levante molesta y lo ignore como si él no estuviera allí, coloqué mis botines los cual supongo que él me había quitado. – ___... – escuche que pronunció, lo ignore. Le escuchaba una vez más hablar y me darían ganas de golpearlo por ser tan grandísimo idiota.

Suspire frustrada y me puse de pie, me dirigí a la puerta pero antes de que pudiera llegar abrirla él me tomo por el brazo. – ___ espera. – dijo.

– ¡¿Qué quieres?! – me gire a mirarlo furiosa y me solté con brusquedad de su agarre.

–Quédate aquí…– me miro a los ojos.

–Me iré Justin. – solté. – Quieras o no. – di un paso atrás. – ¡Ni siquiera sé por qué razón me trajiste hasta acá! – espeté.

– ¡Porque no quiero que ningún otro imbécil te tenga! – Dijo y parecía molesto. – No puedo soportar la idea de que seas de otro. – me miro a los ojos. – ¡Joder ___! – paso las manos por su cabello. – Te extraño…. – murmuró.

– ¡Pues eso debiste pensarlo antes! – dije molesta. – ¿Qué crees? ¿Qué puedes tirarme y recogerme como si fuera un juguete cuantas veces quieras? – lo mire con incredulidad. – ¿Crees que no te extrañé? – le mire a los ojos y a este punto me encontraba al borde de llorar. – Pase noches ¡NOCHES! – le recalqué. – Llorando, sin poder dormir ¡o siquiera comer! ¿Y tú qué? – le mire. – Ni siquiera me escribiste, ni llamaste, ni nada, ¡a ti no te importo nada! – no lo había notado pero estaba cerca de él así que le empuje con fuerza haciendo que diera unos pasos hacia atrás.

–Lo siento…– dijo negando con un movimiento de cabeza.

– ¡NO! – le grité. – ¡Ya no me importa si lo sientes o no! ¡ESTOY CANSADA! – comencé a llorar. – ¡CANSADA DE SIEMPRE LO MISMO! – golpeé su pecho. – Me di de cuenta que llorara lo que llorara no te traería de vuelta y tampoco te haría quererme. – le mire a los ojos. – Me di de cuenta que ese amor que decías tener por mí nunca existió… porque si fuera existido... fueras aunque sea intentado algo más que optar irte con ella.

–___...

–Pero la elegiste a ella Justin, ahora…– guarde silencio y me fije en sus ojos mieles, estaban claros como siempre. – Ya no existimos. – espeté. Me gire y camine a la puerta para salir de la habitación.

Sus manos tomaron mi cintura y me dieron la vuelta antes de que yo pudiera hacer apenas nada. No me esperaba su reacción así que tarde mucho para reaccionar y cuando reaccione… sus manos estaban a ambos lados de mi cuello, mientras sus labios estaban sobre los míos comiéndoselos con besos. Era imposible no corresponderle… tenía mucho sin sentir sus labios.

Una de sus manos bajo hasta mi cintura y de allí a mi cadera, me apretó a él mientras me guiaba hacia atrás. Me lanzó en la cama, abrí mis ojos o fui a detener pero sus manos sujetaron las mías por encima de mi cabeza mientras volvía a besarme.

–Déjame…– murmuré intentando soltarme de su escape y lograr de salir de la sensación que me proporcionaba. – Justin…– dije mientras el comenzaba a besar mi cuello. – Justin déjame. – dije esta vez abriendo mis ojos por completo y tratando de soltarme. – ¡Déjame! – alcé mi voz, él se detuvo y me miro a los ojos aun encima de mí y sosteniendo su agarré.

–___... sé que me deseas como te deseo…– susurró. – Vamos, intentemos esto una vez más.

– ¡NO! – dije y me solté de su agarré empujándolo hacia atrás haciendo que cayera a un lado y se quitara de encima de mí. Me coloqué de pie rápidamente y lo mire. – ¡DEJAME EN PAZ! – le grité. Por alguna razón estaba llorando y no podía dejar de hacerlo. – ¡Esto se terminó! – le dije y salí de la habitación lo más rápido que pude.

Llore en el pasillo y antes de llegar a la sala seque mis mejillas y mis ojos, suspire y mire alrededor vi mi pequeña cartera sobre la baja mesa camine hasta allí y la tomé. – ¿___? – Escuche la voz de Ryan y me gire rápidamente a mirarlo.

Él estaba entrando a la casa, y tras él los demás chicos. No supe que decir, me quede fría, respire y trague saliva. – ¿Sucede algo? – preguntó John. De seguro tenía mi rostro rojo por haber llorado y no le había costado mucho darse de cuenta.

– ¿Qué pasa? – escuche la voz de una chica, mire tras de mí y vi a Hailey, trague saliva, ella había estado en casa y… ¿no había escuchado nada?

–___... – comentó John como si quisiera que yo hablara.

Mi mirada de Hailey fue a parar hasta Justin quien aparecía por las escaleras, un poco confundido y alterado.

– ¿Qué paso? –preguntó Hailey mirándome y luego mirando a Justin quien se detenía en las escaleras al vernos a todos.


Y aunque Hailey fue quien llego y me quito a Justin… ahora yo sentía pena, sentía como si fuera la “otra” con la que Justin le engañaba. Ella le miraba pidiéndole alguna explicación con los ojos, los chicos nos miraban a todos de igual forma. Y Era incómodo. Realmente incomodo estar en el mismo lugar que ellos. Con Hailey y Justin.