lunes, 22 de agosto de 2016

CAPITULO 27


–­Broth…– escuche a Ryan llegar a la mesa del comedor, levante la mirada y sin decir nada la baje otra vez y metí una cucharada de cereal en mi boca. – ¿Dónde está Hailey? No la he visto hoy…– pregunto frunciendo su ceño mientras miraba alrededor.

–Se fue…– dije mientras volvía a meter otra cucharada de cereal.

– ¿Cómo así? ¿Pelearon? – preguntó, yo negué con un movimiento de cabeza. – ¿Qué paso broth?

–Solo no podíamos estar juntos…– suspiré y metí la última cucharada de cereal que quedada en mi plato.

– ¿Cómo paso? – pregunto aun confundido.


– ¿Seguirías conmigo si yo fuera él mismo de antes? – la mire a los ojos de forma sería. – Dime. – le presione. Ella bajo su mirada y negó con un movimiento de cabeza.

–Me daba miedo en ese entonces tu forma de ser en la vida…– comentó sin mirarme. – Y lamento que aun siga temiendo a eso. – levanto su mirada hacía mí. – ¿No eres el mismo de antes, cierto?

Negué con un movimiento de cabeza. – No…– suspiré. – En ese momento me llevaron preso por una injusticia, una equivocación… no había matado a nadie. – la mire a los ojos. – Pero ahora… si he matado personas, y lo seguiré haciendo si de eso vale el que yo y mis amigos estemos bien.

Ella abrió su boca dejando salir un poco de aire mientras unas lágrimas amenazaban con salir de sus ojos. – Entonces… Justin…– trago saliva.

– ¿Seguirás conmigo? ¿Podrás llevar esta vida conmigo? – le pregunte, ella respiro profundo y mientras unas lágrimas caían por su mejilla ella negó con un movimiento de cabeza.

–Lo siento…– susurró.

–No importa…– le di una pequeña sonrisa con algo de nostalgia.

–Creo que solo vine a dañar las cosas entre esa chica  y tu…

–No lo veas así, son cosas que van a pasar, solo eso.

– ¿Ella si te acepto así?

–Me defendió hasta el punto de dar su vida por mí…– le dije mirándola a los ojos.

–Deberías buscarla…

–Luego…– comente haciendo una mueca.


–Vaya…– suspiró Ruan y paso las manos por su cabeza. – No sé qué decirte men…

–Si sabes… dilo.

–Vale…– respiro profundo. – Eres un tremendo idiota…

–Lo sé. – acepte asintiendo.

–Debías haber valorado a ___, quien dio todo por ti…

–Lo sé, lo sé, soy un imbécil. – solté y lleve las manos a mi cabeza. – Ahora no sé qué hacer… ella no me responde nada, ni una llama ni nada, he ido a su casa hoy tres veces… aparte de ayer. – trague saliva y lo mire.

–Broth… no la encontraras…

–No seas tan positivo Ryan…– le dije con sarcasmo.

–Broth… es que… escuche a Fabiana que hablaba con ___ ayer por celular…

– ¿Y? – presione para que continuara.

–Bueno escuche que se fue de viaje…– dijo bajando la mirada.

– ¿A dónde se fue? – le mire, él negó con la cabeza. – ¿Dónde está Fabiana? Ella debe decirme donde está.


*___.*


–Servicio a la habitación. – escuche la voz masculina y suspire algo relajada antes de abrir la puerta. Relaje mis hombros al comprobar que realmente era el chico del servicio a la habitación.

–Su orden señorita…– dijo, asentí dándole paso a la habitación. Él entro junto al pequeño carrito de comida y lo dejo en el pequeño pasillo de la entrada de la habitación.

–Gracias…– le dije, él asintió sonriendo.

–Siempre a su orden. – comentó antes de retirarse por completo de la habitación.

Tome un par de cosas del carrito y fui hasta la mesa a comer. Suspire mientras metía un bocado de comida en mi boca y miraba la hermosa vista que me brindaba el balcón, era una noche tranquila, con una brisa fresca.

Moví los dedos de mis pies debajo de mis medias y mire el plato vació frente a mí. Cerré mis ojos y pensé en que si debía abrir o no los mensajes que había en mi celular, pero mi acción siguiente fue levantarme de la mesa y llevar los platos al carrito de comida. Tome un par de golosinas que había pedido para comer mientras veía las películas.

Luego de un rato, a mitad de la película, mire mi celular mientras tragaba un poco de chocolate que mantenía en mi boca. Suspire, la pantalla volvió a iluminarse, esta vez con una llamada, mordí mis labios y la vaga idea de atender la llamada se cruzó por mi mente, pero la deseche rápidamente.

No falto mucho para que la pantalla volviera a iluminarse esta vez con un mensaje. Trague saliva. Joder ___, deja de ser tan cobarde y hazle frente a lo que está pasando. Me regañe a mí misma.

6 mensajes y 23 llamadas perdidas.

Justin:
Nena, por favor atiende.
Hora: 09:19 pm.

Justin:
Sé que fui un estúpido, pero atiende las llamadas.
Hora: 09:23 pm.

Justin:
Está bien, está es la última llamada que te haré.
¡Atiende de una jodida vez!
Hora: 09:54 pm.

Justin:
___, por favor atiende.
Dije que sería la última hace rato… pero joder…
Hora: 10:20 pm.

Justin:
Nena… atiéndeme...
Ya perdí la cuenta de cuantas llamadas van L
Hora: 10:37 pm.

Justin:
Pasaré en esto toda la noche hasta que te dignes a contestarme L
¿Puedes apiadarte de mí? L
Hora: 10:53 pm.

Suspire y deje otra vez el celular sobre mi cama. Me recosté a las almohadas y cerré mis ojos. ¿Qué debía hacer? me preguntaba una y otra vez. Si le contestaba… me estaría traicionando a mí misma, porque para eso hice el viaje, para alejarme de todo.

Abrí mis ojos y en el mismo instante la pantalla se ilumino está vez mostrando su nombre en una llamada entrante. Tome el celular y deslice mi dedo sobre la pantalla para luego llevarlo a mi oído.

–Justin. – fui a decir algo más pero él me interrumpió.

–Por el amor a Dios… al fin respondes. – suspiró. Apreté mis labios para omitir una pequeña sonrisa por su tono de voz. – Pensé que no contestarías…

– ¿Y entonces porque seguías insistiendo?

–Porque necesitaba hablar contigo…– escuche su voz calmada y apagada.

– ¿No podías esperar hasta mañana?

– ¿Estabas ocupada acaso?

– ¿Justin crees que las personas no duermen?

–Perdón si estabas dormida…– dijo. – Desde las ocho. – pronuncio con sarcasmo.

– ¿Llamabas para eso? – levante mi ceja aunque él no pudiera verme.

–No… llamaba para…– respiro y todo se quedó en silencio un momento. – Quería pedirte perdón por todo ___. – cerré mis ojos para escuchar su voz. – Sé qué fui un imbécil.

–Lo eres.

–Lo soy. – sonreí. – Pero ___, me di de cuenta que eres tú lo que quiero en mi vida…

– ¿Y Hailey?

–No se compara contigo…– suspiro. – No me pude dar de cuenta antes que ella no es la chica que está hecha para estar en mi vida. – apreté mis labios.

–Yo tampoco lo soy, Justin…

–No, si lo eres. – se apresuró a decir. – Ella no me acepta, nunca me ha aceptado con él tipo de vida que llevo… y tu… tu nunca te fijaste en eso, no te importo cuantas personas haya matado, o en cuantos problemas me haya metido, tu siempre estuviste allí.

–Pero Justin…

–No ___, escúchame, sí, fui un imbécil al pensar que podía regresar con ella y todo sería tan bonito como antes, pero me equivoque, no vi la persona que tenía frente a mis ojos, la que daba todo por mí sin pedir nada a cambio. – apreté mis labios y contuve un sollozo a este momento ya estaba llorando. – No pensé en todo lo que había hecho por mí. – levante mi mirada hacia arriba viendo la lámpara que iluminaba la habitación. – Yo a cambio, le pague de mala manera, de la peor manera, te pague. – guardo silencio. – Perdóname ___, fui un imbécil… pero perdóname, perdóname esta vez.

–Justin… entendí que… el destino… no nos quiere ver juntos…– suspire y sorbí mi nariz. – Tanta adversidades, tantos problemas, tantos desafíos…– cerré mis ojos. – Siempre nosotros luchando contra todo para continuar juntos y a pesar de eso… la vida siempre nos puso en frente de que no debíamos estar juntos…

–No ___, no, el destino lo hacemos nosotros…

–Justin. – le interrumpí. – No puedo… yo… quiero tener una vida normal. – me encogí de hombros. – Quiero tener una cita, quiero salir sin miedo a que me vayan hacer algo…

–Tú nunca me dijiste que sentías miedo al salir conmigo…

–No lo sentí. – suspiré. – Tampoco quiero sentirlo… pero quiero intentar tener una vida normal.

–Nunca la vas a tener ___, estás hecha para vivir conmigo. – dijo con su voz ronca, lleve las manos a mi boca para contener más el sollozo. – Sabes que estamos hechos para vivir juntos ___... por favor…

–Justin… no insistas… realmente quiero intentarlo…

– ¿Entonces por qué lloras? – pregunto. Negué con mi cabeza como si él pudiese verme.

–Es tarde ya… debo dormir…

– ¿Dónde estás?

–Fuera de la ciudad…

–Dime donde e iré hasta allí nena…

–No Justin…– sonreí sin ánimos.

–___...


–Justin…

– ¿Responderás luego?

–Solo si no seguirás insistiendo…

–Será difícil. – dijo. Sonreí y asentí. – Pero quiero saber de ti siempre… así que sacrificare eso…

–Está bien…

–Te dejare dormir entonces…

–Gracias…

–Buenas Noches nena…

–Buenas Noches Justin.


––


Suspire, hacía algo frió así que se veía el humo blanco salir por mis labios, mire a mi alrededor, estaba solo el lugar, junte mis manos y a pesar de llevar guantes estás estaban congeladas. Camine más hacia la orilla y mire el final del lago, donde se encontraba con una pequeña montaña.

Una brisa fría golpeo mi cuerpo haciéndome estremecerme. Cerré mis ojos y sin poder evitarlo una lagrima cayo por mi mejilla.

Allí me encontraba… sobre el puente de madera, nada había cambiado y ya iba hacer un año después de todo. Tragué saliva. Mire a mí alrededor y suspire sin poder dejar de llorar.


Lo vi caminar hacia mí con una hermosa sonrisa, esa que te llena la vida de luz, de alegría. Sonreí tímidamente bajo su atenta mirada. – Pensé que no vendrías…– dijo sonriendo mientras se acercaba más a mí.

–Pues aquí estoy ¿qué esperabas? – dije encogiéndome de hombros.

–Pensé que no te dejarían venir…– bromeó.

–Tonto. – sonreí. Él termino de llegar a mí y me envolvió en sus brazos en un reconfortante abrazo. – ¿Cómo estás? – le pregunte.

–Pues bien, de estar aquí y verte, tú ¿cómo estás?

–Nada mal…– le sonreí.

–Pensé que no habrían personas aquí…– sonrió mientras pasaba su brazo por encima de mis hombros y comenzábamos a caminar hasta el final de puente de madera.

–Yo igual…– dije sonriendo.

–Perdón por eso. – rió.

–No importa.

– ¿Cómo está todo en casa?

–Está bien, todo está más tranquilo…

–Bueno…– suspiro. – Mira esto. – señalo hacia el final de lago, sonreí, había tanto frío que no lograba verse la pequeña montaña por la neblina.

–Es hermoso…– sonreí.

Él asintió, le vi separarse un poco de mí y quitar su bolso de encima de donde saco una pequeña sabana y la extendió en el suelo. – Señorita…– señalo hacia el piso en señal de que yo me sentará sonreí. Asentí y me senté, él me devolvió la sonrisa. – Acá traje…– sacó un pequeño termo. – Algo de chocolate caliente…

–Rico…– murmure.

–Sabía que haría falta en este día…– sonrió mientras se sentaba a mí lado.

–Gracias…– le dije sonriendo.


Sequé mis lágrimas y mire a mi alrededor, no había nadie, el lugar estaba solo, y por un momento… desee ver a Austin venir a mi como ese día. Mire el suelo, exactamente en donde estábamos ese día, suspire y me senté allí sobre la fría madera, la vista era la misma, pero no estaba él, y lo extrañaba.

Hay veces en que llegas en esos momentos de tu vida cuando todo lo que quieres es regresar al momento de tu pasado, donde todo, por alguna simple razón, parecía ir bien. Quieres comenzar desde ese momento, hacer cosas que no hiciste, y no hacer las cosas que hiciste para que nada llegara a como está ahora.

Empiezas a estudiar cada momento, buscando saber en qué parte te equivocaste y no das con el error. No sabes si toda la equivocación fue desde un principio… o solo de un tiempo para acá. Todo lo que deseas es que todo fuera bien, que todo marchara de acuerdo a como querías.

Recordé a Austin… y aunque no pensaba que lo haría, en estos momentos… me sentí arrepentida, arrepentida por no haber compartido por completo cada momento con él. Porque no pude interrumpir su plan, porque ahora quisiera estar casada con él, y no extrañándolo y pasando por este sufrimiento de no poder estar con una persona a la que amas.

Porque me sentía mal por él, porque él decidió que lo mejor sería irse y dejarme a mi ser feliz con Justin. Sin saber que con él… posiblemente podía ser feliz, y estaba completamente segura de que lo sería, él tenía todas las características para hacerme feliz.

Abrí el pequeño termo y tome un sorbo de chocolate caliente. Suspiré y cerré mis ojos para volver a recordar ese momento. – Si estuvieras aquí quizás todo fuera tan diferente…. – susurré al aire.

––

Había pasado un mes, mire alrededor de mi habitación. Un mes, sola, pensando y reflexionando sobre todo en mi vida.

A veces… algunas noches, Justin me escribía preguntando como estaba o que hacía… simplemente le respondía… pero no era tan frecuente, era simplemente a veces…

Mire el reloj de la pared, ya era hora, había conseguido un pequeño empleo en uno de los puestos de comida en el puente de madera y aunque no necesitaba dinero porque tenía de sobre por lo que Austin me había dejado en la cuenta del banco aun así decidí tomar un trabajo para tener algo que hacer. Y estaba pensando seriamente rehacer mi vida aquí, en Denver–Colorado.

Todo había marchado bien desde que había decidido ir al puente por primera vez sola desde tanto tiempo y tener una “charla” con Austin. Aunque cualquiera que me viera pensaría que estaba loca por hablar sola pero… yo sabía que él me escuchaba en cualquier lugar donde estuviese.

––

–Ya puedes empezar…– me dijo Samuel al terminar de colocar las mesas. Asentí y tome un pequeño bote de agua y un pañuelo.

–Vengo en un momento. – les sonreí. Ellos asintieron, estaba empezando a caer la noche, así que me apresuré a limpiar las mesas y arreglarlas, Samuel me ayudo a colocar los envases de salsas y sal, en pocos minutos terminamos. Fui a guardar todo y me lave las manos para prepararme y atender a las personas que llegaran a comer.

Luego de un rato todo seguía tranquilo como todas las noches, los clientes esperaban sus turnos y eran muy amigables. Una nueva mesa se llenó de un par de chicos todos con gorros porque la noche era igual de fría desde hace unos días para acá, tanto así que algunos no pedían cerveza sino café o chocolate caliente.

Tome mi pequeña lista para ir a tomar nota de la orden de la mesa 13, donde estaban los chicos. Camine con calma entre las mesas y llegue a la mesa de los chicos. Suspire y antes de yo poder decir algo uno de ellos hablo dándome su orden sin levantar la mirada del menú, fruncí mi ceño, eran extraños.

–Yo quiero una Hamburguesa especial doble. – dijo él chico que yo tenía a un lado. Fruncí mi ceño, su voz… se me hacía conocida. – Y una cerveza…– dijo y lo miré, él levanto su rostro y enfoco su mirada en mí dejándome fría, tragué saliva, no podía ser.


No podía creer a quien estaba viendo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario