–Yo quiero una Hamburguesa
especial doble. – dijo él chico que yo tenía a un lado. Fruncí mi ceño, su voz…
se me hacía conocida. – Y una cerveza…– dijo y lo miré, él levanto su rostro y
enfoco su mirada en mí dejándome fría, tragué saliva, no podía ser.
No podía creer a
quien estaba viendo. Sus ojos se quedaron fijos en mí con un brillo hermoso.
Fui a decir algo pero no logré articular palabra, me di la vuelta y camine,
bueno casi que corrí, hacía el puesto de comida.
–Lo siento…–
tartamudeé. – entregué todo a Samuel. – Se me ha presentado una emergencia. –
no dije más nada, y sintiéndome mal por ellos corrí hasta la entrada del muelle.
– ¡20 por su taxi! – le grite al señor quien estaba a punto de subir en el
taxi, él sonrió y asintió, le entregué el dinero y subí al taxi.
– ¡___! – escuche
que me llamó
– ¡SALGA SEÑOR
RÁPIDO! – dije casi que gritando, él señor apretó el acelerador y yo mire hacia
atrás, donde se veía a Justin con respiración agitada mirando a mi dirección.
*JUSTIN.*
–Broth…– Ryan me
palmeó el brazo. Brinque en mi lugar saliendo de mis pensamientos. – Vaya…–
sonrió. – ¿En qué pensabas?
Sonreí y suspire
mientras negaba con mi cabeza. – Cosas…
–Esas “cosas”
¿tienen nombre de chica? – preguntó, sonreí con ganas. – ¿Estabas pensando en
ella verdad?
Asentí y pase la
mano por mi cuello para relajarme un poco. – Hace seis meses que no sé nada de
ella… desde esa vez que la vi y desapareció…
–No deberías
estar pensando en eso… a días de casarte…– Ryan me sonrió. Asentí aun pensando en
ella, era inevitable no hacerlo.
Casarme.
Sí.
Levante mi mirada
y suspiré… estaba probándome los trajes para ir a la boda.
¿La chica?
Hailey… después de todo.
Después de que
regrese de aquel viaje de negocios donde vi
a ___... Hailey había decidido regresar, ella quería intentarlo y siendo
ella quien me propusiera matrimonio, aunque se vio extraño. Me canse de llamar
a ___, luego su celular sonaba desconectado… y ahora no tendría idea de que
parte del mundo podría estar.
Admito que ya no
me sentía tan mal como hace unos meses atrás, iba a terminar loco pensando
donde podría estar y cómo. Pero ahora… solo espero que esté bien. Era momento
de… aceptar que el destino no nos quiere juntos.
*___.*
–Si…– sonreí
mientras tomaba un sorbo de cerveza. – Es increíble. – reí con Macy Gray mientras
Don Benjamín cantaba algo en el Karaoke del lugar.
–Hace seis meses
que no te veíamos…– señalo.
–Estuve de
vacaciones…– me encogí de hombros. – Bueno, estaba viviendo en otro lugar
también. – reí.
– ¿Y qué te hizo
regresar? – preguntó curiosa.
–Mi madre… se ha
enfermado… y he venido a visitarla… desde hace una semana estoy acá…– sonreí
tímida.
–Vaya… espero y
se mejore.
–Ya está mucho
mejor, era solo una alergia.
–De seguro
exagero todo para que así vinieras a verle.
–Estoy segura de
eso…– dije sonriendo mientras miraba mis dedos sobre el vaso de cristal lleno
de cerveza.
Mi celular sonó y
vi en pantalla marcarse un número conocido. Suspire y volví a mirar a Macy
Gray.
– ¿No contestaras?
– preguntó alzando una de sus cejas, sonreí un poco sin animo y negué con un
movimiento de cabeza. – Anda contesta…– insistió esta vez.
–No debería…–murmuré.
–Debes. – sonrió
ella. Suspire resignada.
–Bueno te dejo un
momento…– dije, ella sonrió y asintió mientras me animaba con las manos a que
saliera del lugar y tomara la llamada.
Camine entre las
mesas y logre salir del lugar. Me dirigí a un pequeño mueble algo alejado de la
entrada del pequeño club y tome asiento. Mi celular comenzó a sonar nuevamente
y tome la llamada sin más esperar.
–Hol…
– ¡NO PENSABAS
DECIRME QUE YA ESTABAS EN LA CIUDAD! – gritó Fabiana al otro lado del celular,
cerré mis ojos mientras trataba de no quedarme sorda.
–Si estoy bien
Fabiana, también espero que tú estés bien. – dije con sarcasmo.
–Disculpa por no
preguntar. – suspiró frustrada. – Pero entiéndeme que llevo meses esperando que
vengas y ahora que estas aquí no avisas.
– ¿Cómo te has
enterado?
– ¡No es la
respuesta! ¡Además eso no es lo que importa!
–Fabiana… o dejas
de gritar o cuelgo…– dije ya cansada.
–Oye… ¿Qué te
pasa?
–Pasa que no
soporto que estés gritando como loca cuando puedo oírte perfectamente si hablas
bajo.
– ¡Ugh! Disculpa…–
dijo y se mantuvo callada un momento. – Bueno fui a casa de tu madre a
visitarla… a ver como estaba…– suspiro. – Hablando cosas se le salió que habías
venido a visitarla.
–Espero no se te
salga a ti de la boca algo al frente de tu esposito Ryan o de sus amiguitos
INCLUYENDO JUSTIN. – recalqué.
–Bueno, con ese
ya no hay problema… como se va a casar anda en los apuros…– iba a continuar
hablando pero se mantuvo en silencio.
–Dices que…
– ¡Ugh! Lo
siento…– murmuró.
–No importa… está
bien…– dije tragando saliva para disolver el nudo en mi garganta y el de mi
estómago.
– ¿Segura?
–Sí, si. –
suspiré. – Al fin y cabo debemos hacer nuestras vidas ¿no? – sonreí con
nostalgia aunque ella no me viera. Hacer
nuestras vidas, de eso se trataba… y me lo repetí seguidamente dentro de mi
cabeza, me había prometido a mí misma no dejarme afectar por nada referente a
él, y eso estaba intentando ahora mismo.
–Ay ___... – dijo
en tono triste.
–Y hablando de
bodas…– suspire. – ¿Cómo va tu matrimonio? – quise desviar su atención.
–Oh bueno…–
suspiró. – Va bien, ya sabes. – la escuche feliz. – Aunque últimamente he
estado sola en casa, tiene mucho trabajo y reuniones…– comento como si
estuviera perdida en sus pensamientos. – Me da miedo cada vez que va a uno de
esos trabajos… aunque van todos… siempre me asusta que no logre regresar
ninguno de ellos.
–Estarán bien…
saben lo que hacen…
–No debería
decírtelo… pero…– guardo silencio hasta el punto que estuve a punto de decirle
que hablara de una buena vez. – Están como en un tipo de guerra…– suspiro. –
Con una banda allí, me gustaría que estuvieras acá cerca de mí… para que
jugáramos a las detectives y poder enterarnos de lo que pasa. – sonreí por su
loca idea. – Me mata no saber nada con exactitud, eso lo de solo porque le
escuche hablar por teléfono la otra noche… sabes que no les gustan tener a
chicas en el trabajo…– suspiro.
–Vaya… pero…– no
sabía que decir a este punto no me podía meter en sus vidas, porque estaba
intentado salir de ellas.
–Hey…– comentó en
voz baja. – Debo dejarte… escríbeme, no seas perra. – dio una risita y sonreí.
– Viene Ryan te quiero, chao. – dijo y antes de que yo pudiera decir algo colgó
la llamada. Sonreí, ella estaba loca.
––
Me había
comunicado con John, hace un par de días, al igual que Fabiana… él también se
había molestado conmigo por no haberle avisado nada y haber desaparecido como
si nada. No me comento nada de Justin, incluso intento siempre hacer
conversaciones que no nos acercaran al tema de Justin y su boda.
Pero estaba a una
semana de él casarse, y aunque me dolía… logre no llorar, él había aceptado al
igual que yo hacer nuestras vidas. Mi madre ya estaba perfecta, y yo solo
estaba esperando el día del vuelo de regreso New York, donde me había empezado
a hospedar en un hotel hace tres meses atrás.
Pero necesitaba…
desahogarme.
Pasa que… hay
momentos que te puedes mostrar fuerte, y puedes soportar todo, incluso si algo
malo escuchas o pasa y te decides a que no te afecte… no lo hará. Pero llega un
momento que todas esas cosas te llenan, y te empiezan afectar de alguna u otra
manera… y solo debes… soltar, dejar salir todo… aunque sea por un momento…
debes hacerlo.
Así que… me
dirigí en taxi a la montaña a donde una vez los chicos me habían llevado una
vez hace años atrás.
Regresar al lugar
me trajo muchos recuerdos, pero me hacía sentir en paz, de alguna manera u
otra… me sentía segura en este lugar. Un vacío había inundado mi pecho, sentía
como se hacía espeso el aire en mis pulmones… recordar todo… me dolía, saber
que pudimos haber sido algo y no fuimos. Aquí, en este mismo instante, me
estaba dejando afectar por todo, él estaba a punto de casarse, y no era
conmigo, y aunque me lo negué a mí misma todo este tiempo… seguía amándolo con
la misma intensidad desde hace un año atrás.
Sabes cuando has
pensado que ya has superado eso, que crees que no te afectara más… pero llega
un día, donde te dejas inundar por los recuerdos, te dejas sentir otra vez,
vuelves a recordar lo bonito que se sentía… los buenos momentos juntos… incluso
los malos momentos… y ahí te vez, amándolo otra vez… pero no puedes hace nada,
porque él está a punto de casarse ahora… y no, no es contigo exactamente, esta
vez no eres tú la novia. Y debes aceptarlo, porque fuiste quien propuso que
debían seguir el destino y dejar que pasara lo que pasara, porque te cansaste
de luchar, de sentirte mal, te cansaste de siempre llorar… pero una parte muy
interna de ti te pregunta si… en algún momento ¿Debiste seguir intentándolo?
Si lo fueras
intentado otra vez… ¿Cómo fueran las cosas ahora?
Pero no puedes
volver atrás esta vez… él ha tomado la decisión desde antes, esa decisión que
te hizo cambiar, cambiar tu forma de ser, tu forma de pensar. Esa decisión que
te hizo darte de cuenta que mereces algo mejor a… siempre estar sufriendo o
llorando, sintiéndote mal… Porque sabes que cuando arreglan todo… todo puede
ser color de rosas luego… pero inevitablemente siempre hay algo que lo daña, y
vuelve, todo vuelve, las peleas, los malos momentos, el sentirte mal, el llorar
cada noche.
Me di de cuenta
que estaba llorando, sí, como lo había hecho ya varias veces hace mucho tiempo,
estaba llorando lo que me dolía, me estaba dejando afectar, lo estaba dejando
salir, agarré con mis manos algo de pasto y los envolví en mis puños mientras
la ira, el enojo, la tristeza… el dolor… me destrozaban por dentro.
Apreté mis
dientes y cerré mis ojos con fuerza, quería de alguna manera que todo saliera y
dejara de doler. Me levante del suelo y me puse de pie, camine hasta una de las
orillas de la gran montaña llena de
colores y vida. La brisa golpeaba mi cuerpo, y no lo pensé abrí mis brazos a
los lados y al mismo tiempo... Grité. Grité lo más fuerte que puede. Grite
desatando la rabia que sentía porque mi vida fuera de esta manera. Grite por el
dolor de sentir un amor perdido. Grite porque aun lo amaba y no quería seguir
haciéndolo. Grite… porque… dejaba ir todo.
Abrí mis ojos y
vi el eco de mi grito ir sobre la ciudad… se iba, tan libre, libre como quería
yo sentirme.
–No lo hagas más…–
escuche la voz masculina detrás de mí.
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