sábado, 1 de octubre de 2016

CAPITULO 29




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Abrí mis ojos y vi el eco de mi grito ir sobre la ciudad… se iba, tan libre, libre como quería yo sentirme.

–No lo hagas más…– escuche la voz masculina detrás de mí.

Me gire inmediatamente sobre mis pies dándome la vuelta y fijándome de quien era. – Just.Justin. – dije con la garganta seca mientras al mismo tiempo y rápidamente secaba mis ojos y mis mejillas. – ¿Qué– Qué Haces acá? – abrí mis ojos por la sorpresa. Él estaba tan cambiado, o quizás es solo porque tenía mucho tiempo sin verle.

Él se mantuvo en silencio mirándome con su boca un poco abierta, luego volvió en sí y parpadeo fijando su mirada en mí nuevamente. – ___... – susurró. – Yo…– estaba sin habla y finalmente soltó su aliento, todo lo que hacía era mirarme.

–Yo lo siento… sí vine a tu lugar…– mire a mi alrededor.

–No, no hay problema. –se apresuró en decirme. – Yo… no sabía…– murmuró y me miró como si ahora cayera en cuenta de todo. – No sabía que estabas en la ciudad…– me miro a los ojos.

–Yo…– baje la mirada. – Solo de paso…– me encogí de hombros. Suspire y mire a mí alrededor. – Ya me iba…– le sonreí fingidamente.

Comencé a caminar para irme, pase por su lado sin decirle nada más, pero no pude llegar muy lejos de él. Su mano me detuvo. –Quédate…– susurró con mi muñeca agarrada.

Tragué saliva y me gire un poco a verle. Se le veía confundido… pero a la vez feliz, y triste…– Justin…

–Solo será hoy ___, necesitamos hablar…– insistió sin soltarme.

–Está bien…– asentí y lamí mis labios desviando mi mirada de sus ojos que me intimidaban.

Estuvimos en silencio, él traía con él una mochila de viaje, de donde saco una carpa y la armo sin ningún problema, tendió una cobija sobre la grama me invito a sentarme y él sin miedo se sentó a mi lado, no muy cerca, pero no tan lejos, podía escuchar su respiración.

–Creo que…– suspiro. – Necesito una explicación…– me miro un poco a la cara y yo esquive su mirada sobre mis ojos. – ¿Por qué desapareciste? ¿Por qué huías?

–Yo…– lamí mis labios. Respire profundo y mire el atardecer que comenzaba a formarse. – pensé que era mejor la vida por separados, pensé que era lo correcto, tu habías tomado tu decisión…

–Pero había ido a buscarte… ese día por cosas del destino te encontré, estaba en una reunión de trabajo… y tú... estabas allí y escapaste…

–No creo que haya caso hablar de esto Justin…– le mire por segunda vez a los ojos desde que había llegado.

–Yo sí…

–No. – le interrumpí. – Ya eso es pasado… ya estamos… cada uno con su vida hecha…

– ¿Por qué hablas como si todo hubiese terminado?

–Porque es así…– le mire. – Te vas a casar. – comencé a llorar sin poder controlarme. – No hay nada que se pueda hacer. – sequé mis lágrimas pero seguían saliendo más.

–Detente…– trato de calmarme.

– ¡NO! – grité, harta de todo. – No me digas que me detenga… ¡SE SUPONE QUE ESTO NO DEBÍA AFECTARME! – grite con rabia aun llorando. – ¡TU NO DEBES AFECTARME! Y aun así... – comencé a llorar. – Años, Justin. – mire la puesta del sol al final de las montañas. – Y no pudiste hacer lo que con ella has hecho…– sorbí mi nariz. – yo realme…– Me interrumpió.

No me dejo terminar de hablar, su mano se había posado rápidamente en mi mejilla girándome hacía él y besándome. Sí, besándome.

Cerré mis ojos, admito que extrañaba sus labios… sus besos… su mano fue hasta mi cuello donde se deslizo hasta mi nuca y se entrelazo con fuerza con mi cabello. El beso se hizo más intenso, nuestras bocas se abrían más. Nuestros labios comenzaban a dormirse de la fuerza que hacíamos sobre ellos. Mis lágrimas ya no salían.

Era mágico, porque aun con los ojos cerrados podía ver el atardecer cayendo frente a nosotros.

–Justin…– me separé un poco de él aun quedando cerca de su rostro.

–Olvidemos todo ___... – me miro a los ojos. – Seamos felices ahora…– tragó saliva, sus ojos eran de súplica. – No escapes otra vez, al menos no hoy. – busco alguna respuesta en mis ojos. – Solo te pido este día… o lo que queda de él…– lamió sus labios. – Por favor…– suplicó. Y asentí.

Lo hice. Acepte no irme, por esté día. Acepte ser feliz con él por un corto momento. Aunque no fuera para siempre… sentiría eterno este momento.

El atardecer estaba en su punto más hermoso, el cielo yacía de un color naranja con algunos tonos rojizos, encima de ellos podía brillar también un color rosa… y la montaña tomo varias tonalidades de colores… como si un arcoíris estuviera sobre ella. Y entendí porque Justin y los chicos la llamaban la montaña de los colores. Esto parecía mágico… era como EL MOMENTO PERFECTO DE NUESTRAS VIDAS.




Me encontraba sentada mirando el atardecer, ya estaba terminando, habíamos permanecido en silencio, incluso podía amar ese silencio, porque… él, él estaba ahí, era mi compañía hoy, y… no podía pedir algo mejor en este momento. – Lo siento…– susurró, abrí un poco mis ojos y gire un poco mi cabeza para verle. Él miraba hacia adelante. – Muy tarde me di de cuenta que tú eras la chica perfecta de mi vida… ahora te he perdido, sé que te cuesta verme, lo has dicho te afecta… y aun así seguías huyendo… de mí… y tenías razón… tenías razón para hacerlo, yo me había comportado de lo peor contigo… y lo siento…

No dije nada, fui a decir algo… pero ¿Qué podía decirle? ¿Qué estaba bien? ¿Qué le entendía? No, no podía decirle eso. Porque no estaba bien lo que había hecho, no podía entenderle aun después de tanto tiempo…

–Estoy a días a casarme… y ahora estoy deseando que seas tú quien me espere en ese altar… pero tienes razón…– volteó a mirarme. – El destino ha hecho tantas cosas por no dejarnos juntos, que quizás sean cosas del destino el que no estemos juntos…– baje la mirada, no sabía que decir. – te extraño…– su mano fue hasta mi barbilla y la alzo un poco para que así yo le mirara a los ojos. – Te he extrañado todo este tiempo… y está bien si no dices nada… te entenderé… pero… quiero que sepas que estar aquí hoy… contigo… conseguirte aquí… fue lo mejor que me pudo haber pasado en estos meses…

“Uno…”

–Justin…– fui a decir algo pero el nudo en mi garganta me detuvo, él sonrió un poco mientras negaba con un pequeño movimiento de cabeza, no quería que hablara, y agradecí eso, porque realmente no sabía que decirle.

–Sé que no volveremos… porque estas tan decidida a no hacerlo… y yo por otro lado… estoy a punto de casarme. – suspire, el atardecer ya había desaparecido, ahora sobre nosotros estaba un cielo estrellado. Me deje caer hacia atrás, quedando así sobre la manta que había en el sueldo donde estábamos sentados. – Perdón… muchas veces quise decirte esa palabra… Perdón. – le escuche suspirar. Abrí mis ojos… mire el cielo, mi corazón por alguna razón iba a mil. Sentí que se movió a mi lado, y apareció frente a mí… él continuaba sentado, inclinado sobre mí. – ___... – sus ojos buscaban los míos con desespero. – Te amo... y pase lo que pase… jamás dejare de hacerlo. – susurró sin dejar mis ojos. Quede sin aliento, mi mente estaba en blanco. No dije nada. Él… se dejó caer sobre su codo quedando mucho más cerca de mi rostro. – Realmente te amo…– su aliento chocaba con el mío. Y no dijo más nada, se acercó más acortando el poco espacio que nos separaba y me beso.

“Dos…”


––


–___... – susurró, suspire y sorbí mi nariz, seque mis mejillas y sonreí antes de voltearme y mirarle. Ella sonrió con tristeza, sabía que podía darse de cuenta el cómo me sentía. – ¿Estarás bien? – preguntó. Asentí sonriendo mientras mis ojos se achinaban. – Tengo que irme… tengo que hacer algo con Frank y…

–Está bien mamá. – le sonreí y camine hacia ella. – Estaré bien. – la abracé. – Ve… que te vaya bien, que llegues bien.

– ¿Segura que estarás bien? – pregunto algo preocupada.

–Lo estaré mamá. – le sonreí nuevamente un poco. – Dentro de poco bajare al departamento y veré alguna que otra película…– suspiré guardando mis manos en los bolsillos de mi sobretodo.

–Te he dejado algo de comida dentro del microonda…– sonrió con compasión.

–Me asegurare de comérmela toda. – le guiñe y le sonreí.

– ¿Estarás bien? – volvió a preguntar por novena vez en lo que iba de día. Yo asentí y suspire sin mirarle a los ojos. – ¿Te sientes bien?

Levante mi rostro y la mire a los ojos. Apreté mis puños dentro de los bolsillos de mi sobretodo. Suspire y asentí. – Estoy bien… pero puedo decir que he tenido días mejores…– me encogí de hombros. – Ve madre… se te hará más tarde. – ella asintió y sin decir más se dio la vuelta y comenzó a bajar las escaleras para irse.

No me di la vuelta hasta que no la deje de ver. Pero en seguida volví a estar sola y las lágrimas volvieron aparecer. Camine hasta la horilla, me recosté en el alto muro que funcionaba como barandilla de la terraza del pequeño edificio.

Estaba bastante alto el lugar. Mire el cielo, ya había caído la tarde, el cielo era triste, no fue como ese día que iluminaba todo a su paso… y te hacía sentirte feliz con tan solo verle… hoy… era diferente.

La fría brisa choco mi rostro y cerré mis ojos dejándome llevar. Y… recordando ese día… tan temprano en la mañana cuando le deje mientras él dormía.

Me sentía mal. Estaba muriendo nuevamente… ¿Qué hice para merecer esta vida? ¿Qué hice mal? Pregunte en mis pensamientos mirando el cielo. Me sentía realmente mal por haber dejado todo de mí atrás nuevamente. Justin… él se veía tan feliz… pero sabíamos que era por solo un momento, estábamos en una burbuja, sabíamos que todo volvería a la realidad, y yo solo apresure ese paso.

Tuve miedo, lo acepto, porque me sentí tan bien con él, pero… él no iba a dar marcha atrás con su boda, y yo… tuve miedo, y me aleje, porque lo estaba volviendo amar… o quizás nunca lo deje de amar, pero estaba recordando cómo se sentía estar con la persona que amas y sentirte amada. Y tuve miedo de seguir… de seguir adelante con su juego y luego él se fuera… y sentirme tan perdida… como las veces anteriores… y dolía, porque me aleje para no sentirme así… aquí estaba, sintiéndome perdida… vacía… con un hueco en el corazón… pero todo esto era soportable, porque lo esperaba, desde que me enteré de todo, esperaba este momento y estaba preparada, sabía que debía mantenerme sin hacer nada… él… estaría en un par de horas frente a una mujer, en un altar, jurándole amor eterno, prometiéndole cuidarla en la salud y en la enfermedad… y yo… estaré aquí… deseando que todo fuera un sueño. Deseando volver el tiempo atrás… a los momentos de felicidad…



*RYAN.*


–Él está por llegar…– le dije a ella quien se veía hermosa vestida de novia.

–Gracias por ser mi… nuestro. – corrigió. – padrino de boda. – sonrió.

–Siempre es un placer. – le sonreí. – Iré con mi esposa…– murmuré, ella asintió y se dio la vuelta para que las chicas que estaban con ella en la habitación la ayudaran a terminarse de arreglar.

Salí de la habitación y cerré la puerta tras de mí. Respire profundo, estaba nervioso, Justin tenía media hora de retraso. Pero Hailey parecía no notarlo. Mire a mi izquierda, al final del pasillo donde estaba Fabiana hermosa como siempre, sonrió tímidamente mientras se encogía de hombros. Camine hacia ella sonriéndole.

– ¿Estás preocupado? – preguntó frente de mí mientras colocaba sus manos en mis hombros y los masajeaba suavemente. Asentí. – Él vendrá… estoy segura…

–Necesito un tragó…– pase la mano por mi cuello. Ella asintió.

–Te iría bien…– susurró, sonreí y deposite un beso en sus labios. – Solo asegúrate de estar sobrio cuando llegue Justin…

–Lo estaré… solo será un trago.

–Yo seguiré llamándolo mientras te tomas un tiempo…– me comunico, asentí agradecido. Ella me abrazo y deposito un beso en mi mejilla. – Ve…– dijo mientras se abría hacia un lado dándome paso para salir del lugar.

Me dirigí al pequeño bar dentro de club. Suspire y afloje mi corbata un poco, sentía que moriría  asfixiado. Camine cabizbajo sin que nadie notara que podría ser yo… él padrino de la boda quien estaba por alcoholizarse por culpa del estrés causa por el retraso del novio.

Llegando a la barra me detuve en seco. Me sorprendí. Allí estaba él, con solo la camiseta blanca algo desajustada y el resto sobre el espaldar del asiento. Lucía relajado, como luciría un novio después de la boda, su corbata estaba mucha más desajustada que la mía, suspire y me apresure a llegar a él.

–Joder Justin. – dije llegando a él. – Me tenía preocupado, la boda lleva una hora de retraso…– le vi ingerir un trago de Whiskey, mantuve silencio él me miro y sonrió un poco sin animo.

– ¿Qué sentiste cuando te casaste con Fabiana? – pregunto. Fui a responder inmediatamente pero luego suspire y me calme, tome asiento a su lado frente a la barra mientras ordenaba un trago para mí.

–Fue lo mejor…– suspiré. Él hombre mayor me entrego mi vaso y tomé un trago. – No sé si estás aquí porque estas nervioso. – sonreí. – Pero… se siente increíble casarte con la mujer que amas. Verla caminar hacia a ti, vestida hermosamente de blanco… Dios… no sé cómo explicarlo, pero realmente se siente muy bien. Me sentí el hombre más afortunado del mundo por tenerla, quería que todo fuera rápido para así poder gritarle al mundo que ella era mía, que nadie podía interponerse… la amaba en ese entonces y aun la amo y mucho más…

– ¿Entonces te casaste con una mujer que amas?

–Realmente… sí…– solté un respiro sintiéndome feliz y tomando un trago. – ¿Por qué me pregu…

–No lo siento…– dijo sin dejar que yo terminara de hablar. – No la amo Ryan…– su mirada estaba fija en el vaso de cristal algo lleno. – Ni siquiera sé si la quiero suficiente para casarme con ella…– me miro esta vez. – No es la mujer que amo en mi vida…– sus ojos estaban cristalizados. – No me siento como te sentiste ese día…

–Pero podrías amarla con él tiempo…

– ¿Y no sentirme como tu él día de mi boda? – preguntó.

–Quiero sentir que la amo desde el mismo instante que me case con ella incluso antes…

–No puedes dejar a Hailey en el altar… Justin…

–No lo haré…– tomó el vaso y se tomó lo que quedaba en un solo trago. – No la dejaré en el altar…– se puso de pie y sin darme oportunidad de decir algo, salió deprisa del lugar.

–Me volveré loco…– tomé mi cabello y agache mi cabeza. Luego tome él trago y pedí otro más.



*___.*


Sequé mis mejillas cansada de llorar. Respiré profundo llenando mis pulmones de aire fresco. Mire la hora en la pantalla de mi celular, 8:27pm. Ya hacía una hora que Justin había ido al altar… cerré mis ojos y guarde mi celular en el bolsillo de mi sobretodo. Me resigne.

Baje las escaleras con cuidado, llegue hasta mi piso, luego entre a mi departamento. Me asegure de comerme en silencio la comida que mi madre hace tres horas había dejado para mí. Lave los platos, hice todo en silencio, como si existiera alguien dentro del departamento quien dormía y no podía despertar.

Camine sigilosamente hasta mi closet, tome una camiseta cómoda junto a un short y lo deje sobre la cama. Entre al baño deje mi celular sobre el mesón del lavabo. Entre a la ducha con ropa, no me importo mojarla toda, entre allí y deje caer agua sobre mi cabello, la cual corría y caía sobre mi ropa empapándola toda.

Luego de todo me apresure a salir, me despoje de toda la ropa húmeda dejándola en el suelo, me enrolle en una toalla y salí a la habitación. Llegue a mi cama, tome una ropa interior del closet y luego me vestí con lo que había escogido antes, sequé un poco mi cabello con la toalla y luego la colgué en su respectivo lugar, cepille mi cabello hasta desenredarlo.

Hoy era el día… que realmente había perdido al amor de mi vida…


Camine con calma hasta el sofá frente a la televisión, me senté allí y lo encendí. Estaban pasando una película, pero mi mente estaba tan ocupada como para fijarse en cómo se llamaba o de que trataba.

Unos golpes fuertes y seguidos sobre la puerta me hicieron brincar en mi lugar y salir de mis pensamientos. Me puse de pie algo asustada. Abrí mis ojos y camine un poco en dirección a la puerta.

Escuche unos gemidos de llanto, fruncí mi ceño ¿Algo malo había pasado?

Los golpes se repitieron otra vez en la puerta. Camine con prisa para abrirla y quedarme fría en mi lugar al verlo allí frente a mí puerta.


–Justin…– susurré.

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