–Igual y sabía
que iban a perder…– comentó Frank, mi padrastro. – Les dije, siempre pasa, en
las finales siempre sucede algo así. – se encogió de hombros mientras terminaba
observando el partido de beisbol.
Yo termine de
meter el bocado de espagueti en mi boca dejando el plato sin residuos. Mire la
Tv mientras intentaba no pensar en más nada. Hace dos días que se había
terminado todo. Ni siquiera podía pensar en ello, porque… me afectaba dejándome
en el suelo completamente.
Las llamadas de Fabiana…
eran algo intensas, ya que no le contestaba, solo los mensajes, y sabía que
ella odia que las cosas se hablaran por mensaje. John, me escribía dos veces al
día, en las mañanas y en las tardes, preguntando como iba todo. Me sentía
comprometida con él en responderle. Él fue el único que nunca tuvo pelos en la
lengua para decir lo que pensaba o sabía.
– ¿Quieres más? –
preguntó mi mamá. Levante la mirada hacia ella y con una leve sonrisa negué con
mi cabeza.
–Estoy bien así.
– le sonreí. – Gracias. – le dije antes de que se marchara a la cocina con los
platos.
Me había ido a
pasar unos días en casa de mi madre. Sabía que estando en el departamento
cualquiera llegaría, y realmente solo quería despejarme de todo. Mi mamá me
recordó las palabras de Austin, de no llorar, porque él se había ido era por mi
felicidad… y yo al llorar demostraría que no valió la pena lo que hizo.
Así que con la
cabeza bien en alto, a pasos grandes y llevando caminos hasta el final, aunque
doliera no me iba a detener, él tenía que hacer su vida, y yo… haría la mía.
Aunque quisiera regresar a su lado no podía.
Un mensaje, como
enviado del cielo hizo sonar mi celular. Suspire y mire la pantalla
desbloqueándola.
Número Desconocido:
HOY, FIESTA, INOLVIDABLE, PROMO, UNIVERSITARIOS,
AMISTADES
¡¡FIESTA DE GRADUACIÓN!!
INTERESTATAL PRINCIPAL, K.5, CRUZAS A LA
IZQUIERDA Y LLEGAS AL CLUB.
Sonreí, mire mis
manos, debía asistir, debía… volver a lo de antes, entretener mi mente,
olvidarme de todo. Suspiré y me levante, camine hasta el living donde cogí por
las escaleras hasta llegar a mi antigua habitación donde ahora tenía mis cosas,
o bueno, alguna de mis cosas.
Como me había
duchado antes de comer, opte por colocarme unos pantalones negros altos, que
llegaban por mi cintura, y un suéter que era corto, dejando ver un poco mi
abdomen. Tome unos tacones negros, cerrados con broches dorados, tome unas
pulseras de color dorado y las coloque, me mire al espejo, mi pelo natural con
algunas ondas no era tan malo. Así que fui por el labial y lo coloque dejando
mis labios de un color marrón mate. Coloqué algo de base en mis ojeras
desapareciéndolas di un poco de brillo, y coloque mascarilla en mis pestañas.
Agradecí que el
pantalón tuviera bolsillos en las parte de atrás y de adelante, así que en la
parte de adelante guarde mi celular y luego mis llaves en el otro bolsillo.
Tome algo de dinero de mi cartera, y lo guarde en los bolsillos de atrás.
Quería andar libre, sin carteras o monederos.
Salí de mi
habitación y baje las escaleras le avise a mi madre que saldría de fiestas y
que no sabía a qué hora regresaría así que no se preocupara que yo iría a mi
departamento al terminar la fiesta.
––
–Es algo metido
esto…– comentó el taxista, asentí mientras miraba alrededor hasta localizar el
club.
–Es allí. –
señale.
–Si quiere puede
tomar mi número de teléfono para que la venga a buscar… no creo que por acá
existan taxis. – dijo amablemente.
–Tengo unos
amigos allí, tranquilo. – le entregué el dinero. – Gracias. – baje del auto
cerrando la puerta detrás de mí.
Camine hasta la
entrada del club y entre, sonreí a algunos guardias de seguridad, así que me
imagine que sería una universidad de estas prestigiosas y lujosas. Mire los
aparcamientos, muchos autos bueno… claro, como los de Justin y sus amigos. Ahí
vas, ya comenzaste a comparar ya. Sacudí mi cabeza. Rectifico, autos buenos
como los de cualquier persona con suficiente dinero.
Llegue a la
puerta, como tal del club, de la estructura, la música se escuchaba. Me sentía
como si estuviera haciendo cola para entrar a una discoteca. Llegue a la
entrada y le sonreí al chico que pedía identificadores o identidades.
–Su identificador
de la universidad. – comentó mirándome.
–Oh yo…– mire a
mi alrededor y agradecí porque no había nadie detrás de mí esperando para
entrar. – Sucede que el que me invito… debe estar dentro. – me excuse.
–Lo siento,
comuníquese con él, sin él no puede entrar. – dijo serio. Asentí y me di la
vuelta.
– ¡joder! ¡Te
pasa por estúpida! – me dije a mi misma mientras caminaba con rabia a la salida.
– Y para colmo no tomaste el número del taxi, ¡veamos como sales de está! – me
regañe a mí misma mientras miraba furiosa la pantalla de mi celular.
–Espero estés
hablando con alguien o tendré que aceptar que eres loca…– escuche la voz de un
hombre, me gire y me quede fría.
Era un moreno,
con un poco de barba baja y su bigote, sus ojos… me mataban, me engancharon,
eran hermosos, brillaban incluso en la oscuridad, eran claros y resaltantes,
hermosos. Iba vestido con una camiseta blanca una chaqueta negra que parecía
ser de cuero, pero no, era de una tela suave, como una sudadera, traía unos
zapatos negros y unos pantalones del mismo color. Tragué saliva. – Hola…– le
sonreí como una estúpida. – Solo…me reprochaba a mí misma lo tonta que fui al
venir a esto donde no conozco a nadie. – le di una sonrisa.
–Vaya…– sonrió
mostrando su perfecta dentadura. – Eso se puede arreglar, mi nombre es Don…–
sonrió extendiendo su mano. – Don Benjamín.
–___... – le sonreí
tomando su mano. – ___ Jess.
–Vaya ___, un
placer. – sonrió asentí. – ¿Quieres entrar? – lo mire sorprendida.
–El hombre de la
puerta no me deja…– comenté.
–Pero soy uno de
los graduados. – se encogió de hombros como si eso le resolviera todo en la
vida. – Puedes ser mi compañía, es la única manera de que entres…– lo pensé un
momento. – Anda vamos, no creo que hayas venido hasta aquí solo ver desde afuera…
–Tienes razón…–
sonreí, él asintió sonriendo. – Bueno, vamos…
Él asintió e hizo
seña con su mano para que yo fuera primero que él. – Y a ver… ¿de dónde eres? –
preguntó mientras caminaba a mi lado.
– ¿Podríamos ir
con otra pregunta? – le sonreí. No estaba acostumbrada a dar mi dirección,
menos a personas que recién conocía.
–Vale… mmm…–
pensó un momento. – ¿Cómo llegaste aquí? ¿Cómo te enteraste?
–Me enviaron un
mensaje al celular…
– ¿Y vas a todos
lados donde te dicen? – Frunció un poco su ceño.
–No… realmente…
estaba en un mal momento…– sonreí con tristeza con la mirada abajo. – Solo
quería despejar la mente…– le mire, él asintió. Me mataban sus ojos cada vez
que los miraba.
– ¿Un mal de amor?
– bromeó. Asentí sonriendo con pena. – Vaya… pensé que me dirías que no…– rió.
– ¿Por qué?
–Eres muy linda…
no pensé que sufrieras de eso…– rió. – Pensé que eras la típica chica que va
por la vida rompiéndole el corazón a todos…. – se encogió de hombros sonriendo.
–Vaya…– dije
sorprendida. – ¿Esa impresión doy? – le mire divertida, él asintió. – Supongo
que es bueno…– reí.
Él asintió sonriendo
y terminamos de llegar a la entrada, donde él hombre que anteriormente me había
devuelto, esta vez me sonreí dejándome pasar al él mostrar su carnet
universitario.
––
Estaba moviendo
mis caderas mientras reía por los comentarios de Don sobre algunas parejas que
nos rodeaban, realmente la estaba pasando bien con este chico. Él colocó sus
manos en mis caderas mientras se colocaba detrás de mí y se movía y yo alzaba
mis brazos, estaba realmente divirtiéndome, posiblemente éramos una de las
parejas que mejor bailaba, no es por alagarme, pero las demás parejas eran un
poco… “de yeso” que dijo Don.
La canción se
terminó y baje mis brazos riendo, me di la vuelta para mirar a Don, él me
sonrió mirándome a los ojos. – ¿Quieres ir a otro lugar? – preguntó cerca de mi
oído mientras se inclinaba un poco.
–Dime que no me
llevaras a un hotel. – bromeé.
–Vaya, vas muy
rápido. – rió, reí sin poder evitarlo. – Tengo pensado un lugar mejor. – hablo
un poco alto por debajo de la música.
–Mientras no
tenga nada que ver con sexo o matarme, me apuntó. – él se enderezó con una
hermosa sonrisa en su rostro, sonreí sin poder dejar mirar a sus ojos.
Hizo una seña con
la cabeza de que lo siguiera pero luego, sin que yo me lo esperara, me tomó de
la mano y me llevo, con él.
Logramos abrirnos
paso entre las personas, logramos salir al aire libre, lo mire, la noche era
algo fría, sonreí mirándole. – ¿Y ahora qué? – pregunté.
–Espera…– comentó
mientras revisaba su celular mirando la hora. – Vale, podemos ir… aún es
temprano. – me sonrió.
– ¿A dónde me
llevas? – comenté mientras caminaba a su lado.
–Iremos a un
lugar más tranquilo, te aseguro que la pasaras bien. – sonrió.
–Vale…– dije
sonriendo mientras miraba por donde caminaba. – ¿Cuál es tu auto? – levante mi
mirada.
Él se detuvo y me
sonrió. – No tengo auto…– mi cara fue de asombro y lo mire sin entender, fui a
decir algo pero él me interrumpió. – tengo una moto. – sonrió con ganas.
–Oh…– mi piel se
erizo un poco. – ¿Y si nos quedamos en la fiesta? – sugerí.
–No me digas que
le tienes miedo a las motos…– dijo asombrado sonriendo con ganas.
–Oh no…– fingí
mientras movía mi mano con desdén. – A la motos no… a matarme en una de ellas
sí…– le mire. Él rió, su risa se escuchó en todo el aparcamiento fue inevitable
sonreír.
–Vamos…– caminó
deteniéndose al lado de una hermosa moto negra con algo de plateado. – Te
prometo que no morirás si vas conmigo. – sonrió.
– ¿Qué me
garantiza eso? – entrecerré mis ojos mirándolo con algo de diversión.
–Bueno…– miro a
todos lados, luego miro al cielo y volvió su mirada a mí. – No he muerto… me
gradué de la universidad después de manejas cada día una moto para ir a
estudiar y al trabajo… y…– se encogió de hombros sin saber que más decir.
–Si muero…–
suspiré. – Quedara en tu conciencia. – le dije y camine a su dirección mientras
lo veía sonreír.
–Ten. – me dijo
cuando ya él estaba encima de la moto. Le mire y me mostro un casco, sonreí, me
acerqué, él me lo colocó y lo abrocho asegurándose que no se saliera de mi
cabeza. – Sube…– dijo, asentí y suspire antes de subir, pero al final no fue
tan difícil.
Coloqué mis
brazos alrededor de su cuerpo, él rió.
Si, realmente me asustaba andar en moto. Encendió la moto y emprendimos
nuestro camino al lugar donde él me llevaría.
––
Baje de la moto y
después él, mire a mi alrededor, estábamos frente a algo que era un pequeño bar
de carretera, o de pueblo. Se veía hogareño, suspire y me encogí de hombros. –
¿Qué tal? – comentó a mi lado.
–Nada mal…– le
sonreí.
–Vamos…– dijo y
caminamos para entrar.
Ya dentro todo lo
que reflejaba de fuera era cierto, era hogareño, todo era de madera, la luz era
tuene, y al final había una pequeña tarima con una mujer cantando, la cual Don
saludo con un movimiento de mano cuando nos sentamos en una de las mesas más
cercanas. Ella le devolvió el saludo y nos sonrió.
–Es una amiga…
tiene una gran carrera afuera, pero nunca deja de venir acá…– comentó mientras
nos arreglábamos en el asiento, se sentó junto a mí, y de frente a nosotros la
tarima.
–Vaya… hermosa
voz…– le comenté.
–Si…– asintió,
miro a un chico camarero que nos atendió con una sonrisa. – ¿Quieres algo de
beber? – me preguntó Don.
–Algo suave…–
comenté sonriendo un poco.
–Algo suave para
ella y para mí…– pensó. – Una cerveza. – se encogió de hombros. – Y por favor…
unos… pastelitos. – sonrió, él chico sonrió asintiendo y se fue en busca de lo
que ordenamos.
Luego de un buen
rato, la chica se había sentado un rato con nosotros y luego se levantó a
seguir cantando, era amable, realmente todos en el lugar lo eran.
Ella comenzó a
cantar una canción mucho más suaves que las anteriores, ya yo llevaba unas
cinco copas de la bebida con sabor a limón, que era suave, apenas lograba
sentirse el sabor a alcohol.
–Venga… cuéntame…–
comentó después de un rato de reírnos de las personas de la fiesta anterior.
– ¿El qué? – le
mire sin entender.
–Cómo es que una
chica como tú está sufriendo de mal de amores…– sonrió un poco, sonreí bajando
la mirada.
–Es algo difícil…
–No lo creo…–
comentó. – Y no te atrevas a decir que es “largo” porque tenemos todo el tiempo
del mundo, al menos yo. – sonrió mostrando su dentadura, sonreí sonrojándome un
poco.
–Bueno…– suspire.
Mire a la chica quien cantaba una canción de Cloves– Don’t forget about me. – Paso que… todo parecía
perfecto…– acaricié la orilla de la copa con mi dedo mientras la miraba y
sentía su mirada sobre mí. – Hasta que hace una semana y algo más... llegó una
chica…
–No me digas que
su novia anterior…– dijo como si no lo fuera a creer, lo mire y asentí con una
sonrisa pequeña. – Me estas jodiendo…– no lo creía.
–No, realmente
fue así…– suspiré. – La chica formo una parte importante en su vida… cuando él
era joven… y pues… todo termino y acá estoy. – me encogí de hombros e hice una
mueca sintiendo el trago amargo del recuerdo.
– ¿Cuánto tiempo
llevabais saliendo? – preguntó curioso.
–Un par de años…–
comenté, él asintió. – Lo más fuerte es…– sonreí sin animo. – A él le tomo
menos de una semana darse de cuenta cuanto le seguía queriendo…
– ¿Y te dejo a un
lado así por así? – preguntó con su ceño fruncido.
–Sí… bueno. –
suspire y tome un trago. – Yo decidí dejar esto por las buenas, porque les vi
en la cocina de la casa besándose…– le miré, él abrió sus ojos y su frente se
arrugo un poco. Sonreí por su rostro, sonreí sin ánimo.
–Vaya… está loco
ese men. – frunció más su ceño. – ¿Qué hay de ti? ¿Estos años junto a él?
¿Acaso no le fuiste importante? Es un imbécil….
–Vaya Don…– abrí
mis ojos y sonreí.
– ¿Qué? – su
rostro se relajó.
–Nada. – me
encogí de hombros. – ¿Qué hay de ti? ¿Tienes novia? – mire a la chica cantante.
–Oh no…– sonrió.
– La ultima chica con la que estuve… se fue con otro, desde entonces me limite.
– sonrió como si estuviera orgulloso de ello. – Ella era la típica rompecorazones…–
sonrió con ganas, reí.
–Vaya Don…
también sufriste de mal de amores…
–Ni tanto. – se
encogió de hombros divertido. – Soy muy lindo para eso. – movió sus cejas
haciéndome reír con ganas. – Te ves muy linda cuando sonríes ___ Jess. – dijo mirándome
a los ojos.
–Vaya… diré al
chico que no te sirva más cervezas. – dije él sonrió con ganas dejando escapar
una risa.
– ¿Te gusta? – me
preguntó y miro a su alrededor.
–Me encanta. – le
respondí mirándole a los ojos. – Realmente… es muy tranquilo… y cómodo. – él
asintió.
–Y… ¿Cuántos
novios has tenido? – preguntó luego de un rato de silencio.
–Vaya…– lo mire
sorprendida. – Bueno… duraderos… él nada más. – me encogí de hombros… uno que
tuve en la infancia…– él rió. – Y un chico… un buen amigo con él que iba a
casarme…
– ¿Amigo? – rió.
Asentí sonriendo. – Vaya ¿desde cuándo los amigos se casan?
–Bueno era una
boda arreglada por su padre y mi padre…– me encogí de hombros. – era cosas de
negocios…– tomé un tragó.
–Vaya…–
entrecerró sus ojos. – Entonces no me equivocaba…
– ¿En qué?
–Tu eres la ___
Jess… la chica hija del empresario Kalvin Jess. – asentí. – He oído de ti
entonces…
–Soy famosa, que
puedo decir. – dije divertida encogiéndome de hombros.
–Lamento lo del
chico…– dijo con mirada suave.
–Está bien. –
sonreí agitando mi mano para quitarle importancia. – Y tu… ¿Cuántas novias? –
le mire divertida.
–Muchas. – sonrió
con ganas, reí. – No realmente no tantas… unas… ¿seis? ¿Siete? – abrí mis ojos
y reí con más ganas, él sonrió sin dejar de mirarme.
Mire la mesa,
había pasado un rato más, habíamos hablado sobre él, sobre que ahora era un
Ingeniero, recién graduado aunque tenía ya trabajo seguro, me contó sobre sus
padres, su padre había muerto de un paro respiratorio cuando él estaba más
joven, por cierto comento que su edad era 23 años, su madre vivía en Francia,
con sus abuelos. Literalmente no los veía nada seguido. Me comento que con un
pequeño trabajo había podido obtener un departamento, y claro su moto después.
Don
Benjamín. Quién lo diría,
ahora me encontraba sentada frente a este chico quien tenía unos hermosos ojos
y una hermosa manera de ser, me di de cuenta que estaba lleno de tatuajes en
sus brazos, pero eso era lo de menos, la estaba pasando bien.
– ¿Bailas? –
comentó. Abrí mis ojos y lo mire con sorpresa. – Anda… no me digas que no sabes
bailar este tipo de música…– sonrió.
–No es eso. –
sonreí. – Me sorprende que tú la sepas bailar.
–No soy un
profesional. – se encogió de hombros. – Pero hago lo mejor que puedo. – sonreí.
Él se colocó de
pie mientras extendía su mano y yo la tomaba para levantarme a bailar, había
pocas personas… solo nosotros estábamos de pie para bailar.
Caminamos más
cerca de la pequeña tarima, donde la luz era más tuene, él se coloque frente de
mí y sus manos se posaron en mi cintura, le sonreí y coloqué mis manos sobre
sus hombros, cuando ya nos acomodamos, él llevo sus manos al centro de mi
espalda, rodeando mi pequeña figura y acercándome más a él.
No dije nada,
solo colgué mis brazos alrededor de su cuello y recosté mi cabeza a su pecho,
mientras nos movíamos de un lado a otro y Macy (su amiga) cantaba de
fondo Hello de Lionel Richie.
**
Justin…
no sé qué me está pasando…
Pero
con él… puedo sentirme bien, me da miedo, olvidarte… porque aunque tú estés con
ella, sé que aun te sigo amando… y no puedo olvidar de un momento a otro lo que
fuimos… lo que pasamos…
Don…
es tan diferente a ti, a Austin… no sé por qué me siento tan a gusto con él,
aunque… apenas lo conocí esta noche…
No sé
si debería disculparme por intentar sentirme bien… o simplemente seguir mi
corazón en busca de mejoras…
Sé
que será difícil seguir sin ti…
Pero
lo intento.
Lo
intentare…
Quizás…
este realmente era nuestro destino…
Después
que hizo todo por separarnos, nos dejó estar bien y luego nos hizo verlo por
nuestros propios ojos…
Justin…
aun te amo.
**
.
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