Me encontraba sentado al lado de su cama, suspiré,
llevaba rato allí. – ¿___? – pregunté mientras tomaba su mano fría por el aire
de la habitación. Ella mantenía sus ojos cerrados. – Nena…– le volví a llamar,
quería que abriera sus ojos otra vez, llevábamos tres horas en la habitación y
no había abierto sus ojos desde que habíamos llegado. Ella presionó un poco mi
mano. – ¿Me escuchas? – le pregunte, ella me volvió a presionar un poco. – Te
amo linda, te amo demasiado. – dije mientras mis lágrimas caían. – Estos días
he vivido un infierno preocupado porque te sucediera algo… – sorbí mi nariz. –
Perdóname por dejarte ese día, perdóname por irme con otra… sé que fue mi culpa
que tomarás tu decisión de irte con él, y aunque te lo advertí en el aeropuerto
sé que era muy difícil creerme después de todo. – levante la mirada y vi una
lagrima deslizarse desde su ojos hasta su cabello. – No te quiero perder jamás,
quiero siempre tenerte a mi lado, te quiero conmigo ___, no quiero a nadie más,
por favor… sal de esto…– coloque su mano en mi boca para darle un beso y
apretarla un poco a mí.
Estire mi mano hacia ella y seque su lágrima, ella hizo
una mueca con sus labios que parecía una sonrisa, yo no podía dejar de llorar.
– Estoy acá contigo princesa, siempre. – dije y bese nuevamente su mano sin
dejar de mirarla. Ella abrió sus ojos lentamente, como si estuviera muy
cansada, o aun mantuviera la anestesia en su cuerpo. – Extrañe ver esos
hermosos ojos por unos días. – dije sonriéndole. Ella sonrió apenas y otra
lágrima salió de sus ojos. – No llores hermosa, todo estará bien. – le dije y
sequé su lagrima, ella alzo un poco sus dedos tocando mi barbilla un poco, así
que tome su mano y la coloqué en mi mejilla, ella movió su dedo pulgar como si
secará mis lágrimas, sonreí y volvieron a salir más lágrimas. – ¿Te duele algo?
– le pregunte mirándola, ella no hizo nada. – Entiendo si no puedes hablar, ven.
– tome su mano con la mía. – Sujeta si sí, y si no, no hagas nada. – le sonreí.
– Dime nena… ¿te duele algo? – la mire. Ella no hizo nada. Sonreí. – No te
duele nada. – dije para mí mismo. – ¿Estas cansada? – ella no hizo nada, la
miré con mi ceño fruncido, ella sonrió un poco. – Necesito que me digas la
verdad. – le sonreí. – ¿Me amas? – la mire, ella presionó mi mano fuerte.
Sonreí dejando caer algunas lágrimas y apreté su mano. – También te amo, te amo
demasiado. – bese su mano. – Demasiado es poco, no encuentro palabras para
describirlo. – le dije, ella mantuvo su pequeña sonrisa mientras cerraba sus
ojos.
Lleve su mano hacia mis labios besando sus nudillos, dejé
que el calor de mi contacto le diera la calidez que ella necesitada. – Necesito
que abras esos hermosos ojos, necesito que te mejores. – dije mirándola. –
Necesito que estés bien para que me puedas recordar que por ti es que continuó
respirando cada día… te necesito en mi vida ___... – cayeron un par de lágrimas
que terminaron en el piso. – No tendría razón para vivir si no fuera por ti
nena…. – bese nuevamente sus nudillos.
*___.*
Podía escucharlo, todo lo que decía. Sentirlo cuando él
me tocaba.
Todo lo que quería era alcanzarle y tocarle; hacerle
saber que estaba totalmente consciente y que le perdonaba todo, aunque nunca lo
culpe de nada.
Estaba mal, quería hablar con él, decirle que todo estaba
bien, que me sentía bien. Quería gritar con todas mis fuerzas pero no podía.
Era como si estuviera atrapada dentro de mi propio cuerpo y eso… eso lo odiaba.
Le llame pero mis palabras no salieron de mi boca, me molestaba, eso me
enfurecía, unas lágrimas salieron de mis ojos. No podía entender como querían
que mi cuerpo hiciera cosas y no podía, quería mantener mis ojos abierto pero
me sentía demasiado cansada, un poco de dolor pero era soportable, pero a pesar
de eso… yo solo quería hablar con él, no dejar de mirarlo, y mis propios ojos
no me ayudaban, mi propio cuerpo no me obedecía.
Me encontraba en un lugar oscuro, pero poco a poco pude
ver, me encontraba en un baño, fruncí mi ceño, ¿Qué estaba sucediendo? ¿Me
había salido nuevamente de mi cuerpo o era solo mi imaginación? Pero… me veía a
mí misma, frente al espejo, la puerta de atrás se abrió sobresaltándome,
incluso a mí misma quien veía la escena que parecía conocer. Me vi dar la
vuelta para fijarme y encontrarme con… Justin. Sus ojos estaban sobre mí,
sonreí al ver la escena, “el primer encuentro” dije para mí misma mientras esto
pasaba frente a mí como una película. Él me sonrió como si supiera lo que
hacía, lo que causaba. – Hola. – dijo mientras me miraba completamente, sonreí
al verme sonrojada ante la situación. – ¿Puedo ayudarte en algo? – preguntó.
Sonreí con ganas, todo era tan malditamente bueno en esos momentos, no teníamos
de que preocuparnos, no teníamos ningún problema.
Entonces todo volvió a tornarse oscuro, y me asusté.
–No sé, no hace nada…– escuche la voz de un hombre, la
reconocía pero no lograba distinguir de quien. – Fabi quería venir, pero no se
lo he permitido. – podía ser Ryan. – Ese hombre allí afuera no quiere irse,
pero… nosotros no lo dejaremos entrar, por nada del mundo. – ¿Hombre? ¿Qué
hombre? – Estaré afuera con John. – Finalmente si, era Ryan. Escuche el ruido
de la puerta al cerrar, pero no sentía a Justin, no tenía mi mano con la de él,
¿También se había ido de la habitación? ¿Con quién me encontraba? No pude
distinguir algún otro ruido y gran cansancio de adueñaba de mí, haciendo que no
pensara, no recordara, incluso no quisiera abrir mis ojos o hablar.
*Justin*
Me mire frente al espejo del baño, llevaba con esta ropa
más de dos semanas. Suspiré, lave mi cara en el lavabo y sequé con una toalla
que colgaba a un lado. Suspiré dándome fuerzas para salir nuevamente. Cerré mis
ojos, y aunque últimamente lo hacía mucho no me cohibí de hacerlo nuevamente,
pedirle a Dios que ___ despertará otra vez, porque, hacía ya cuatro días que,
no se movía, no abría sus ojos, no movía su mano, nada.
Suspire y salí del baño, entrando a la habitación, viendo
a unos paso de mí a ___ dormida. Camine lento hacia ella y me senté en la silla
a su lado, mire al suelo, ¿Por qué todo se nos había hecho tan difícil?
La mire detenidamente, apreté mis labios, a veces me
preguntaba a mí mismo si ella podía escucharme y simplemente se negaba a
despertar.
Tragando saliva con un poco de dificulta, trate de
deshacerme de la tensión en mis hombros, sorbí mi nariz y aclare mi garganta un
poco. – Nada es para siempre. – baje la mirada al suelo. – Se eso, pero lo que
tenemos… esto es para siempre nena. – suspiré, comencé a sentir puntadas detrás
de mis ojos haciéndolos arder y amenazándome con volver a llorar. – He dejado
todo poco a poco, los tratos, los robos, los asaltos. – Sonreí sin ánimo. – He
dejado todo lo que podría afectarnos porque se suponía que nos iba a dar
libertad, la libertad que necesitabas, que necesitábamos para empezar con
nuestra vida juntos sin ningún problema, para empezar de nuevo, como si mi vida
anterior nunca hubiese existido. – sorbí mi nariz. – Porque no quiero que
alguien atenté contra de ti solo por mi culpa, y aunque esto no es por mí,
bueno en parte si. – acepte. – Tu padre no te quiere conmigo, pero ¡joder nena!
Nunca pensé que tu padre atentaría contra ti. – Suspiré.
Me preguntaba si ella estaría odiándome ahora mismo, y
aunque era extraño una parte de mi lo esperaba. Porque sería más fácil hacerme
a un lado y evitarle más problemas, pero… no podía irme de su lado, ella es el
mural firme que mantiene mi vida, ella es quien me mantiene cuerdo.
–Se suponía que no tenía que terminar así. – la miré
aunque ella permanecía con sus ojos cerrados y sin moverse. – Se suponía que
esto debía ser diferente, mejor, porque me he esforzado en hacer las cosas
bien, pero pareciera que haga lo que haga, simplemente no puedo terminar de
hacer las cosas bien y lo siento… porque tu padre no me acepta, y yo debía
hacerme a un lado desde el principio. – mordí el interior de mis mejillas
luchando para no llorar. – Nena… por favor, despierta… por mí. – la miré y tome
su mano, acaricie sus nudillos con mi pulgar. – Necesito que sepas que lo
siento, siento que te haya sucedido esto, debería ser yo quien este allí en esa
cama, en tu lugar. – las lágrimas cayeron. – Si pudiera evitarte todo esto lo
hiciera ___, si pudiera volver el tiempo, quitaría todo tu sufrimiento, me
habría cambiado por ti con gusto si eso significara que tu estarías bien,
porque es lo único que me importa en esta vida, que estés bien. – sequé mis
mejillas con mi mano libre y volví aclarar mi garganta. – Tú me hiciste mejor
persona ___, y necesito hacer las cosas bien, de nuevo, esta vez por completo.
– apreté su mano aferrándome a ella. – Tengo que darte el final feliz que te
mereces…– la miré a sus hermosos ojos que aún permanecían cerrados. – porque
tú te lo mereces más que nadie.
Escuche un suspiró y abrí mis ojos bien, era ella, estaba
regresando. – Vamos nena, regresa conmigo…– supliqué mirándola. Ella abrió sus
ojos e hizo una mueca que parecía una pequeña sonrisa. – Regresaste…– le dije y
le sonreí un poco.
–A ti…– respondió ella en un hilo de voz. Abrí mis ojos,
entonces ella ya estaba mejor, ya podía hablarme. Sonreí. Ella miró en
dirección a mí, el agotamiento estaba claro, pero… ver sus ojos, el brillo que
aún había en ellos, eso me quemaba mis entrañas como un si tuviera un incendio
que no lograba parar. – ¿Estas bien? – me preguntó sin dejar de mirarme, asentí
sonriendo un poco porque me causaba gracia su pregunta. – Te ves cansando…–
ella notó tristemente.
–Estoy bien. – dije al mismo tiempo que negaba con un
movimiento de cabeza. – Solo estaba asustado… estaba preocupado. – la mire. –
Tenía miedo. – admití en un susurró que ella logró escuchar.
–Está bien…– ella sonrió, esta vez delicadamente, suave,
extrañaba tanto mirarla a los ojos, ver esa sonrisa. – Estoy bien…– dijo ella
con su voz un poco gruesa, tosió, y aclaro su garganta.
Negué sacudiendo mi cabeza. Me incliné mi cabeza mientras
más lágrimas amenazaban con salir a la superficie. Tense mi mandíbula
conteniéndolas, inhale un suspiro tembloroso. – Te amo tanto. – alcé mi vista, acaricie su mejilla, por
instinto, costumbre. – Eres…– bese los nudillos de la mano que tenía sujetada. Me aferré a ella,
tan fuerte, porque unas lágrimas nublaban mi vista. – Todo mi mundo.
Aclare mi vista, y ella cerró sus ojos, mi pecho sintió
la presión anterior, sentí miedo de que no los abriera nuevamente, que fuera
como la última vez, pero el miedo se fue cuando sus ojos se abrieron otra vez,
solté el aire espeso que tenía dentro de mí. Sus cejas se juntaron frunciendo
un poco su ceño. – Todo está bien…– susurró ella.
Mis labios formaron una sonrisa pequeña, mordí mi labio y
suspire un poco relajado. – ¿Cómo te sientes? – le pregunte.
–Cansada…– dijo ella débilmente y cerro sus ojos un
momento para abrirlos luego. – Es raro…
–Has estado mucho rato acá…– le comente sonriendo.
– ¿En serio? ¿Cuánto? – dijo curiosa.
– ¿Tres semanas? – dije sin llevar una cuenta exacta.
–Bastante…– suspiró.
–Demasiado. – le
dije, ella sonrió un poco. Ya mi respiración comenzaba a normalizarse,
el aire espeso dentro de mí no estaba, podía respirar tranquilamente a través
de mi nariz.
Sentía una emoción inigualable, ella estaba despierta
completamente, su voz era como una música para mis oídos, tome sus manos y las
coloqué con las mías, para darles calor, para sentirla. – Fue bastante tiempo…–
me miró. – ¿Qué hacías?
–Hablarte…– le sonreí. – Siempre hablarte, verte…
cuidarte. – dije sin dejar de mirar sus ojos.
– ¿Qué me decías? – preguntó ella sonriendo un poco.
Sus labios hacían un llamado, estaba muriendo por
besarla, a cambio de eso bese la parte trasera de su mano. – Dije lo mucho que
te amaba. – la mire y sonreí. – Que lo sentía por dejar que esto pasara. Te
prometí mantenerte a salvo pero ni siquiera sé cómo hacerlo ya…– apreté mi
mandíbula y baje la mirada hasta la tela que la cubría. – Pero eso no importa,
no importa lo que te dije. – no podía mirarla a los ojos. – Lo que diga no
cambia el hecho de que casi hago que te maten. – apreté mi mandíbula con rabia.
–Detente. – dijo, negué con mi cabeza, era imposible, de
verdad ella estaba allí por mi culpa, por estúpido, por descuidado, porque lo
primero que tenía que hacer era matar a ese desgraciado para salvarla por
completo. – Deja de decir eso…– apretó mi mano, la mire. – Deja de culparte,
para con eso. – dijo como si me regañara. Se estiró un poco y su mano suave se
posó en mi mejilla. – No fue tu culpa…– acarició. – Si tuviera que haber
elegido entre que me hicieran daño y que te mataran, créeme que hubiera elegido
esto, siempre. – Me miro. – Si volviese a pasar lo volviera a elegir sin
pensarlo Justin.
– ¡NO! – dije y gire mi cabeza a otra dirección sin
mirarla. Ella me tomó por la barbilla para obligarme a mirarla. Pero no podía,
así que agarré su mano y la alejé. – Nunca más. – tense mi mandíbula. – Jamás
lo permitiría. – dije, y lo decía en serio.
–Justin…– susurró ella.
–___, no quiero que te lastimen. – la miré, sentía rabia
por dentro. – ¡NO QUIERO QUE PASE OTRA VEZ! – dije con dolor como si realmente
ella estuviera eligiendo. – No puedo permitir que siempre por mi culpa pase
esto. – apreté mis dientes para evitar llorar.
–Te amo Justin…– susurró ella.
– ¡Y YO TE AMO MÁS! – le dije mirándola a los ojos. –
Nena…– me calme y respire profundo cerrando mis ojos. – No puedo permitirme que
te pase esto, ni nada referente con algo que te haga daño. – la vi
entristecerse. – No te pongas así. – ella levanto la mirada hacia mí. – Te amo,
no quiero que te pase nada. Entiéndeme.
–Te entiendo Justin, porque tampoco quiero que te pase
nada…
–___, nena, no eres un superhéroe. – le dije, ella sonrió.
– Pueden herirte… pueden dañarte… incluso pueden matarte…
–Pero
–Pero nada nena, no quiero que digas eso… Siempre
confrontare todo yo. – la mire serio. – Para eso estoy… para cuidarte y
salvarte…
–Pero yo tengo que hacer algo por ti…– me miro con
tristeza.
–Con amarme y permanecer conmigo… haces todo. – tome su
mano y la bese. – Tú me das todo con tan solo respirar…– dije cerrando mis ojos
mientras apretaba mis labios en su mano.
–Eres un completo idiota. – me dijo, levante mi mirada
hacia ella. Ella sonreía.
– ¿Por qué?
–Porque apenas despierto y ya me estas peleando. – cerró
sus ojos.
–Porque te amo…– comente.
–Idiota…– respondió sonriendo con sus ojos cerrados.
–No te duermas tan pronto…– susurré.
–Me quedaré contigo Justin…
Por siempre.
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